
Hace 300.000 años cisnes, palomas, cuervos y estorninos fueron aprovechados por sus plumas y no solo como alimento
Las aves estaban presentes en la dieta de nuestros antepasados hace 300.000 años en Cueva Quesem (Israel), pero un estudio liderado por la investigadora Ruth Blasco del CENIEH revela que probablemente la explotación de cisnes, palomas, cuervos y estorninos no se limitó a la obtención de comida, sino también al uso de sus plumas como parte del significado simbólico de estos animales. En este trabajo han colaborado investigadores de la Universidad de Tel Aviv en Israel, la Universitat Rovira i Virgili, el IPHES de Tarragona y el Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont de Barcelona.
Fecha de Publicación
24 de septiembre de 2019
Fuentes de información digital utilizadas
CENIEH
Fuente de las imágenes
CENIEH
Palabras clave:
prehistoria, paleolítico inferior, cueva Quesem, Israel, aves, hueso, plumas, moda
Bibliografía científica, publicación original
Journal of Human Evolution
Fascinante viaje de 300.000 años el que nos permiten los restos arqueológicos recuperados en Cueva Quesem (Israel), acercándonos a la vida y avatares de estos antepasados, a su cotidianidad para nosotros ahora tan extraordinaria. Entre los restos de sus vidas encontramos la presencia de distintas aves: cisnes, palomas, cuervos y estorninos.
Este dato es relevante en si mismo, ya que durante décadas la investigación consideró que las aves de pequeño tamaño habrían estado fuera del alcance de estos grupos humanos debido a la dificultad de su caza. Pero el estudio ha constatado además evidencias de un muy probable uso intencional de su plumaje.
En el caso del cisne, en la cueva se ha localizado un carpometacarpo (hueso distal del ala), en el que se observan un gran número de incisiones y aserrados, de hecho el mayor número de todos los huesos estudiados. Este hecho nos indica una especial insistencia en su procesado. Las plumas de esta parte del animal son largas y estrechas, y están muy fuertemente adheridas. Además esta zona no ofrece carne, solo piel y huesos, por lo que ambas circunstancias nos están indicando que todo este trabajo está encaminado a la obtención de las plumas y no del alimento.
Los restos de cuervo presentan huellas de corte en la zona distal de la ulna, por lo que podrían ser evidencia de la actividad de desplumado de este ejemplar. La recreación experimental de este proceso indica que las herramientas suelen impactar contra el hueso en ese punto al desplumar al animal, ya que apenas cuenta con masa muscular.
La investigadora Blasco destaca que aunque estas sean las actividades documentadas en el interior de la cueva, no hay que descartar una obtención previa de la carne de estos animales, que pudo haber sido realizada en otra ubicación.
Además de las marcas de corte, el equipo ha localizado en los restos óseos de todas las especies identificadas fracturas por flexión y mordeduras humanas.
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