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lunes, 23 de enero de 2017

Un soliforme que marca solsticios en Tarifa
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La cueva, conocida como Cueva del Sol, es una pequeñísima oquedad situada en la Sierra de la Plata

Una investigadora de la Universidad de Cádiz ha logrado documentar la relación entre un soliforme representado en un pequeño abrigo de muy difícil acceso en el Campo de Gibraltar y la observación de los solsticios por parte de las comunidades prehistóricas de la zona. Mientras realizaba sus investigaciones de campo en diferentes abrigos de la zon con arte rupestre esquemático, pudo observar que durante el solsticio de invierno, la última luz del sol de la tarde penetra en el abrigo hasta acariciar uno de los rayos del soliforme. La representación del abrigo habría servido para observar los ciclos solares, planificar cosechas, o incluso para otros propósitos más espirituales.

Fecha de Publicación
22 de enero de 2016
Fuentes de información digital utilizadas
Europa Sur
Fuente de las imágenes
Europa Sur
Palabras clave:
prehistoria, arte rupestre, arte esquemático, soliforme, solsticios, Cueva del Sol, Tarifa, Cádiz, España, horóscopo
Bibliografía científica, publicación original


La arqueóloga Mercedes Versaci ha dado a conocer el hallazgo, sin paralelos por ahora en el arte esquemático peninsular, y en opinión de la investigadora, probablemente en todo el continente europeo.
Versaci desarrolla sus investigaciones doctorales bajo el título "El sol, símbolo de continuidad y permanencia: un estudio multidiscilpinar sobre la figura soliforme en el arte esquemático de la provincia de Cádiz". Mientras desarrollaba sus estudios sobre el terreno, en el entorno de Baelo Claudia, observó el inusual fenómeno.
Desde un primer momento acotó su investigación a los distintos abrigos con arte esquemático, en concreto con representaciones de soliformes, y realizó observaciones en aquellos con una orientación susceptible de indicar fenómenos astronómicos.
En el pequeño abrigo de Cueva del Sol, sus observaciones dieron sus frutos. Allí hay una figura del sol de unos 24 centímetros más o menos, rodeada de 12 rayos. "El único repinte que la figura tiene es uno de sus rayos, junto donde llega apenas un dedo de luz del último rayo de sol del atardecer del solsticio de invierno, parece que está como marcando ese momento, como diciéndonos 'aquí tiene que dar el sol", explica.
La investigadora envió fotos con sus observaciones al Instituto de Astrofísica de Canarias, desde donde confirman que se trata de un marcador solar.
Este hallazgo viene a subrayar las prácticas de observación astronómica en la Prehistoria, la comprensión de los ciclos terrestres y su uso, ya sea para establecer los periodos de siembra y cosecha, o para marcar celebraciones de carácter espiritual.

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Herramientas neandertales en Cueva del Trader (Barcelona)
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Los hallazgos tienen más de 40.000 años de antigüedad y corresponden a la etapa final de la ocupación neandertal

Las investigaciones en distintos enclaves de la península, como por ejemplo las aportadas por el SERP en la comarca del Penedès-Garraf, van completando el mapa neandertal de yacimientos arqueológicos, aportando además información especialmente interesante sobre los momentos finales de esta especie y su "convivencia" con los humanos modernos. En la cueva del Trader (Cubelles, Barcelona) se han recuperado herramientas de piedra neandertales, de unos 40.000 años de antigüedad, además de documentarse varios niveles de ocupación posteriores, que pueden proporcionar valiosa información sobre el fin de los neandertales y la llegada de los sapiens sapiens.

Fecha de Publicación
19 de enero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
La InformaciónEl PeriódicoLa Vanguardia
Fuente de las imágenes
Universitat de Barcelona
Palabras clave:
prehistoria, paleolítico medio, neandertales, cueva del Trader, Barcelona, España, herramientas, gente
Bibliografía científica, publicación original
Universitat de Barcelona (nota de prensa)

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La cueva del Trader, en Cubelles (Barcelona), se conocía ya como yacimento arqueológico desde mediados del siglo XX, tras las intervenciones de Joan Bellmunt y la Sección de Arqueología del Centro de Estudios de la Biblioteca Museo Víctor Balaguer de Vilanova i la Geltrú, aunque los materiales recuperados entonces se circunscribían a la Prehistoria reciente (4000-2000 a.C.).
Ahora, la cueva se ha revelado como un importante enclave de ocupación neandertal, con niveles datados en torno a 40.000 años de antigüedad, un periodo especialmente interesante para estudiar los últimos momentos de esta especie.
El SERP (Seminari d'Estudis i Recerques Prehistòriques) de la Universitat de Barcelona se encuentra detrás de esta última intervención en la cueva, en la que se han recuperado herramientas de piedra fabricadas por neandertales, y se han identificado además niveles de ocupación más recientes que podrían corresponder a la transición entre neandertales y los primeros Homo sapiens.
Desde el SERP se desarrolla el proyecto "Sustituciones humanas y transformaciones económicas en el Penedès-Garraf", que lidera Josep M. Fullola, catedrático de Prehistoria de la Universitat de Barcelona. Adscritas a este proyecto se realizan además otras investigaciones en la Balma de la Griera y la cueva Foradada, en Calafell, y la sima de Sant Antoni, en Cunit.
El arqueólogo Artur Cebrià destaca los grandes avances en investigación logrados en esta zona, que hace 15 años se consideraba un desierto en cuanto a ocupaciones anteriores a 12.000 años de antigüedad, y "ahora se revela como un núcleo de concentración de población eneolítica y paleolítica".

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viernes, 20 de enero de 2017

Congreso Nacional de Arqueología Profesional en Zaragoza
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Puedes enviar tu propuesta de participación hasta el 12 de febrero

Desde el CDL de Zaragoza impulsan la celebración de este congreso para arqueólogos profesionales a nivel nacional. Aún está abierto el plazo de presentación de participaciones, tanto en formato comunicación oral como en formato póster. El evento trata de coger el pulso al estado actual del ejercicio de la arqueología profesional en España, así como dar cabida a novedades en la investigación arqueológica, y la aplicación de las nuevas tecnologías tanto en investigación como en la didáctica, musealización y divulgación.

Fecha de Publicación
20 de enero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
CNAP 2017
Fuente de las imágenes
CNAP 2017
Palabras clave:
agenda, congresos, arqueología, Zaragoza, Aragón, España
Bibliografía científica, publicación original


El próximo mes de abril se celebrará en Zaragoza el CNAP 2017 (Congreso Nacional de Arqueología Profesional), una iniciativa impulsada desde el Consejo General de Colegios Oficiales de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias, y promovida especialmente por el Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Aragón.
La participación está abierta a todos los profesionales de la arqueología y el plazo de presentación de comunicaciones orales y pósters está abierto hasta el próximo 12 de febrero. Se aceptarán un máximo de 40 comunicaciones y 60 póster.
La temática para las participaciones abarca las siguientes áreas: la realidad actual de la arqueología profesional y su problemática, las novedades en el campo de la investigación arqueológica profesional en España, la aplicación de nuevas tecnologías en este campo, su plasmación en la didáctica del patrimonio arqueológico y en la musealización y la divulgación de yacimientos.
El congreso tendrá lugar en el CaixaForum de Zaragoza durante los días 4, 5 y 6 de abril de 2017. En la web del congreso están publicadas las normas de participación y las modalidades de inscripción.

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Revisitando la última comida de Ötzi
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Cómo una terminología amena y cercana contribuye exponencialmente a la divulgación

Un amigo me decía que Cocacola nunca dejaba de invertir en publicidad, aunque fuese el refresco más vendido. Incluso los yacimientos más mediáticos se benefician de una difusión adecuada, cercana y que conecte con el público. Así ha sucedido con la momia más célebre de todos los tiempos. El contenido del estómago de Ötzi se conoce desde hace más de una década, pero alguien tuvo la feliz idea de llamarlo beicon de cabra en una reciente conferencia y ¡paf!, a llenar titulares.

Fecha de Publicación
20 de enero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Europa PressScience Magazine NewsBBC
Fuente de las imágenes
Phys.org
Palabras clave:
prehistoria, calcolítico, ötzi, Alpes, Austria, Italia, dieta, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
PNAS

Rastreando un poco en la red vemos que distintas noticias sobre el contenido del estómago de Ötzi han ido apareciendo en prensa a lo largo de más de una década, desde que en 2002 se publicase en PNAS un estudio detallado sobre los restos de comida conservados en su interior.
Ya entonces se detallaba que Ötzi había consumido en sus últimas horas al menos dos comidas. Una primera estaba compuesta por cereales, otros vegetales comestibles y carne de capra ibex, un íbice o cabra salvaje de los Alpes. Y su último almuerzo habría consistido en carne de venado, probablemente acompañada con cereales.
Los investigadores resaltaban la dificultad del trabajo, que había llevado más de dos años. Tuvieron que identificar distintos materiales orgánicos conservados en el estómago, para lo que tuvieron que descongelarlo levemente. Y además, diferenciar el ADN de los alimentos del de las bacterias presentes en el cuerpo.
La pasada semana, el investigador Albert Zink, durante una conferencia en Viena, tuvo una frase muy afortunada, al relatar que Ötzi en su última comida había consumido una especie de beicon de cabra alpina, poniendo en un momento el contenido del estómago de Ötzi de nuevo de actualidad, y ocupando titulares en diversos medios internacionales.
Muchas veces los estudios científicos no logran la proyección deseable por no contar con un lenguaje adecuado, que vaya más allá de las publicaciones científicas, que resulte cercano para el público general, y que trascienda el nivel académico para llegar a la calle. En este caso, el beicon ha roto la brecha.

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jueves, 19 de enero de 2017

El pasado gallego en sacos de escombro
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Una colección particular de piezas arqueológicas tirada a la basura por la familia del coleccionista fallecido

Siempre hay quien se queja porque las piezas arqueológicas estén en el almacén de un museo, guardaditas en sus cajas. Hay incluso quien clama por el legítimo derecho a "disfrutar" en casa de un objeto que de otro modo nadie vería, sin valorar la capacidad de un museo para la conservación de sus piezas o la disponibilidad de acceso a las mismas por parte de los investigadores. La noticia que ha saltado esta semana en Galicia demuestra que el Patrimonio debe estar en manos públicas porque es de todos, y no depender del interés o no de un particular por su conservación. Una colección privada de miles de piezas arqueológicas prehistóricas y de época castrexa ha terminado depositada en la calle en sacos de escombro tras el fallecimiento del coleccionista en cuestión y ante el desinterés de sus familiares por estos objetos. Ahora, el Museo Quiñones de León (Castrelos, Pontevedra) se afana en estudiar y clasificar las piezas, cuyo destino inminente era un vertedero.

Fecha de Publicación
17 de enero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Faro de Vigo
Fuente de las imágenes
Faro de Vigo
Palabras clave:
patrimonio, sucesos, Torrecedeira, Castrelos, Pontevedra, España, expolio
Bibliografía científica, publicación original


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Esta semana saltaba en los medios la chocante noticia de la localización de varios sacos de escombro llenos de material arqueológico en una calle de Torrecedeira, en Castrelos (parroquia de Vigo).
Unos vecinos paseaban por la zona cuando les llamó la atención el contenido de los sacos y decidieron avisar a las autoridades.
Tras comprobar que se trataba de objetos arqueológicos, se procedió a trasladar los materiales al Museo Quiñones de León de Castrelos (Vigo), donde se están examinando y clasificando todos los bienes recuperados. Un examen preliminar indica que se trata de piezas relacionaldas con el Paleolítico de A Guarda y también otros materiales de la cultura castrexa.
Según ha trascendido, todos estos objetos arqueológicos pertenecían a un particular, y tras su fallecimiento, la familia no habría estado interesada en ellos por lo que fueron evacuados del domicilio y depositados en sacos de escombro.
Además de las piezas, se han podido recuperar documentos de inventario relacionados con ellas, que podran facilitar la labor de clasificación a la que ahora se enfrenta el Museo Quiñones de León. Desde allí tratarán de valorar los objetos encontrados, pero no nos referimos a una valoración económica, sino al valor como elementos patrimoniales, del patrimonio de todos, que un particular decidió almacenar en su casa, a su juicio probablemente con alto interés y cuidado, pero que a su muerte han terminado abandonados en la basura.
A lo largo del ejercicio de la arqueología, nos encontramos con muchos particulares interesados en el coleccionismo, incluso mucho que gustan de considerarse "arqueólogos aficionados", y que se consideran mayores garantes del patrimonio que la propia administración. Lamentablemente este caso demuestra de manera muy evidente que lo adecuado es almacenar las piezas arqueológicas en los museos, dosnde se garantice realmente su conservación, y donde puedan ser estudiadas por cualquier investigador que lo solicite.
A todo esto hay quien sostiene el "derecho" a disfrutar de estas piezas que probablemente no serían expuestas sino almacenadas, sin querer comprender que lo importante es el conocimiento que aportan, y que puedan ser investigadas, también en su contexto arqueológico, y no solo recogidas aleatoriamente y almacenadas en un lugar que no ofrece garantías de su perpetuación.
Nos preguntamos por qué a nadie se le ocurrió donar las piezas directamente al museo, cuando menos.

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miércoles, 18 de enero de 2017

Un eje de carro de madera y una azuela enmangada de hace 5.000 años
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Las excavaciones en el yacimiento neolítico de Olzreute-Enzisholz (Alemania) siguen proporcionando fabulosos hallazgos en materiales perecederos

Los hábitats palafíticos neolíticos en torno a los Alpes resultan lugares clave para obtener información de materiales perecederos que de otro modo no se habrían conservado a través de los milenios. Esto les valió en 2011 su reconocimiento al ser incluídos en la lista de Patrimonio Mundial, y siguen proporcionando campaña a campaña piezas sorprendentes. Es el caso del descubrimiento en la última campaña de excavación en Olzreute-Enzisholz de un eje de carro de madera de 5.000 años de antigüedad o una azuela con su enmangue prácticamente completo, además de los materiales constructivos de cabañas, las semillas de cereales que se consumían en los poblados o, hace unos años, algunas de las ruedas de madera más antiguas que se conocen. Además de la importancia de los hallazgos, las autoridades han potenciado el interés de los habitantes de la zona ofreciendo visitas de "puertas abiertas" mientras se realizaban las excavaciones, de modo que los visitantes no solo pudiesen ver un palafito neolítico de cerca sino que podían conocer en directo como se desarrolla el trabajo arqueológico. Esta estupenda inicativa propició que unas 7.500 personas visitasen la excavación el verano pasado.

Fecha de Publicación
6 de enero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Archeologie OnlineSchwäbische
Fuente de las imágenes
Archeologie Online
Palabras clave:
prehistoria, neolítico, Olzreute-Enzisholz, Biberach, Baden-Wurtemberg, Alemania, palafitos, madera, moda
Bibliografía científica, publicación original


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Poco antes de las pasada Navidades finalizaron los trabajos de excavación en Olzreute-Enzisholz (distrito de Biberach). Los arqueólogos de la Oficina Estatal de monumentos históricos en el Consejo Regional de Stuttgart estudian allí un antiguo asentamiento neolítico de unos 5.000 años de antigüedad. Durante anteriores campañas, habían salido ya a la luz algunas ruedas de carro de madera, de las más antiguas que se conservan en el mundo. Ahora, los investigadores han encontrado justo al final de la campaña una prueba más de la movilidad en la Prehistoria, un fragmento de eje de carro realizado en madera.
La última campaña de excavación se ha desarrollado en paralelo a la celebración en 2016 de una gran exposición de carácter nacional titulada "4000 años de palafitos", y ha supuesto el final por ahora de los trabajos en este asentamiento datado en 2900-2897 a.C., que pertenece al grupo Patrimonio de la Humanidad de "Palafitos Prehistóricos alrededor de los Alpes".
Los nuevos hallazgos más emocionantes de la campaña de este año incluyen un fagmento del eje de un carro y una azada enmangada, ambos objetos extremadamente raros. El fragmento del eje se ajusta al hallazgo de hace unos años de unas ruedas y una pieza similar en el mismo yacimiento. La azada enmangada está colocada en una única pieza de madera, con orientación frontal.
Todos estos hallazgos de materia orgánica se deben al ambiente húmedo en que se depositaron los objetos, y que ha posibilitado una excelente conservación, dando una visión directa de la vida de los primeros agricultores en Federsee.
Una exitosa "excavación pública"
En verano, más de 7.500 personas pudieron visitar el lugar, ver los trabajos arqueológicos y conocer los trabajos que se realizaban en el laboratorio de campo. Además, las visitas guiadas se ofrecen regularmente y cuentan con la presencia de expertos de las autoridades de conservación histórica que explican su trabajo en áreas especializadas tales como el análisis de huesos de animales, dendrocronología, sedimentos, macro restos botánicos, etc.
Visitar la excavación lograba transmitir de forma cercana el potencial científico de las excavaciones en yacimientos anegados. La importancia de los palafitos de Stuttgart, patrimonio mundial desde 2011, estaba al alcance de la mano, desde las semillas más pequeñas de cereales carbonizados a los aspectos má generales de la excavación.
El concepto de "excavación pública" fue un gran éxito y fue capaz de acercar a los visitantes los aspectos de los trabajos arqueológicos que normalmente no son visibles para el público. Entre la gran cantidad de visitantes, no sólo se encontraban los que a su vez visitaban la exposición sobre palafitos, sino también muchos de los que estaban más interesados en el aspecto artesanal de la excavación y la vida cotidiana de los habitantes del lago.
Por otra parte, el delicado ambiente de los hábitats lacustres hace que la conservación de estos yacimientos pueda cambiar drásticamente en función de las fluctuaciones del nivel freático de la zona. Por ello, desde la UNESCO se trabaja en una rehumidificación de la zona que preserve las áreas del yacimiento aún por excavar.

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La esclavitud a este lado del Atlántico
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Identifican en Gran Canaria un cementerio de esclavos datado en el siglo XVI

La arqueología puede emocionarnos y conmovernos como ninguna otra ciencia, porque habla de nosotros mismos sin tapujos. Aunque nos ocupemos de los restos materiales, a veces conseguimos vislumbrar conductas y realidades que no suelen reflejarse en el registro arqueológico. Es el caso del cementerio de época moderna excavado en Gran Canaria que sus investigadores han podido identificar como un cementerio de esclavos, principalmente a través del ADN de los restos óseos, y de los curiosos rituales funerarios observados, que reflejan un eclecticismo propio de una sociedad mestiza. Este cementerio habla de las primeras plantaciones esclavistas, a este lado del Atlántico, antes de que el comercio de personas fuese una industria masiva de un lado a otro del charco.

Fecha de Publicación
17 de enero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Efe FuturoEl DiarioABC
Fuente de las imágenes
Efe Futuro
Palabras clave:
moderna y contemporánea, edad moderna, Finca Clavijo, Guía, Gran Canaria, España, cementerio, esclavitud, plantaciones, caña de azúcar, necrológicas
Bibliografía científica, publicación original


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Antes de que se instaurase el comercio masivo de personas hacia el Nuevo Mundo para ser utilizadas como mano de obra esclava en las grandes plantaciones americanas, Canarias fue el destino inicial de gentes procedentes de África, secuestradas de sus lugares de origen y forzadas a trabajar en condiciones de esclavitud.
Este aspecto del comercio de esclavos de época moderna, que se conocía a través de las fuentes escritas, ha sido constatado ahora arqueológicamente tras el estudio de los restos humanos recuperados en una excavación arqueológica en Finca Clavijo, en el municipio de Guía (Gran Canaria).
La intervención tuvo lugar en 2009, y en ella se identificaron un pequeño número de enterramientos entre los que ya se vislumbraba unos ritos funerarios anómalos para la época entre los pobladores de origen europeo. Pero los análisis de ADN de los huesos han proporcionado las pistas definitivas para interpretar esta necrópolis como el primer cementerio de esclavos de época moderna documentado a este lado del Atlántico.
La investigación se ha coordinado desde las universidades de Stanford (EEUU), Cambridge (Reino Unido), Santa Elena (Perú), Las Palmas de Gran Canaria y el País Vasco, junto con la empresa canaria Tibicena, y se ha publicado en la revista American Journal of Physical Anthropology. Los trabajos han permitido documentar que la necrópolis aloja a individuos de distintas razas.
"Es el cementerio de esclavos más antiguo del mundo atlántico, el antecedente más antiguo del que se tiene constancia de la diáspora africana hacia América", ha dicho Jonathan Santana, autor principal y arqueólogo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
El estudio forense de los restos óseos ha puesto de manifiesto que prácticamente todos murieron en torno a la veintena, y sufrían lesiones de columna que reflejan la realización de trabajos físicos duros. Este tipo de lesiones se han documentado también en plantaciones negreras de caña de Carolina del Sur, Surinam y Barbados.
La datación de los restos por radiocarbono arroja unas fechas de entre finales del siglo XV y principios del siglo XVII, aunque ha sido posible datar los restos con mayor precisión gracias a su contexto arqueológico. Se ha podido recuperar una moneda de cuatro maravedíes resellada por el Cabildo de La Palma en 1559 y una medalla con las imágenes de San Francisco de Asís y la Inmaculada Concepción cuyas características la sitúan en el s. XVI.
A través del ADN se ha identificado a una aborigen canaria, cuatro individuos probablemente de raza negra, y seis idividuos pertenecientes a un linaje que aparece tanto en Europa como en África y que podrían ser moriscos.
Los enterramientos no tienen características claramente cristianas, ni islámicas, ni aborígenes, sino que reflejan un sincretismo que resulta habitual en sociedades mestizas. Esto hace que el valor del yacimiento arqueológico sea aún mayor.
Probablemente fuesen esclavos asociados al cultivo de caña azucarera, ya que este fue el primer gran monocultivo que se implantó en Canarias, donde se desarrollaron los "ingenios azucareros" que después se llevarían a América.

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martes, 17 de enero de 2017

Las bellotas, alimento muy eficaz en el entorno de Atapuerca
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Durante el Pleistoceno los alrededores de Atapuerca proporcionaban abundantes bellotas, energéticas y fáciles de conservar

Cada vez somos más conscientes de la importancia de los vegetales en la dieta de nuestros antepasados. Cierto es que la obtención de proteínas a través de la caza resultaba necesaria, aunque era complementaria de las fundamentales actividades de recolección, que además ofrecían un mayor rendimiento con un menor esfuerzo. Ese parece ser el caso de la recolección de bellotas por parte de los grupos humanos del Pleistoceno. Por ello, desde el CENIEH se ha impulsado una investigación experimental para comprobar el gasto energético y el rendimiento alimenticio de la recolección de bellotas, y este pequeño fruto ha salido muy bien parado.

Fecha de Publicación
16 de enero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
DicytCENIEH
Fuente de las imágenes
CENIEH
Palabras clave:
prehistoria, pleistoceno, bellota, Atapuerca, Burgos, Castilla y León, España, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
Journal of Anthropological Archaeology

Los doctores Ana Mateos y Jesús Rodríguez lideran al equipo que ha realizado una interesante investigación sobre las ventajas de la explotación de las bellotas como alimento por parte de los grupos de cazadores-recolectores del Pleistoceno en la zona de Atapuerca.
La investigación se ha publicado en Journal of Anthropological Archaeology, y muestra que la explotación de este recurso alimenticio hace unos 300.000 años resultaba más eficiente que la obtención de alimentos de origen animal.
El estudio se basa en la recreación experimental de la recolección de este producto por parte de mujeres en el entorno actual de la sierra de Atapuerca. Para ello se seleccionaron dos enclaves, uno en el entorno de Cueva Mayor y otro en las orillas del río Arlanzón. Allí, las voluntarias simulaban la recolección de las bellotas.
Además, desde el Laboratorio de BioEnergía del CENIEH se comprobó que el tamaño corporal del grupo de mujeres participantes en el experimento se correspondía con el tamaño corporal estimado para la población femenina del yacimiento de la Sima de los Huesos.
El desarrollo de la investigación experimental ha revelado que en una hora se pueden recoger unos tres kilogramos de bellotas, con un gasto energético de apenas 300 kilocalorías, y un retorno nutritivo de los frutos recolectados de unas 11.600 Kcal, lo que proporciona suficiente alimento para cubrir las necesidades nutricionales de cuatro personas durante un día completo.
“Para las poblaciones humanas del Pleistoceno, que dependían de su entorno para sobrevivir, una explotación eficiente de los recursos resultaba esencial para mantener un buen balance energético entre la ingesta de alimentos y el gasto energético de sus actividades diarias”, explica Ana Mateos.

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Los neandertales toman la Universidad Autónoma de Madrid
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Ya está aquí Neanderlife, una muestra sobre la vida de esta fascinante especie

La Universidad Autónoma de Madrid acoge en su sala de exposiciones la muestra gratuita Neanderlife, donde se recrean las condiciones de vida de esta fascinante especie, a partir de los más recientes hallazgos procedentes de excavaciones arqueológicas en yacimientos neandertales de la península Ibérica. Una oportunidad para mirar al pasado cara a cara en una muestra didáctica que integra la actualidad más reciente de la investigación.

Fecha de Publicación
16 de enero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
SincSala de Exposiciones UAM
Fuente de las imágenes
Sinc
Palabras clave:
evolución humana, neandertales, agenda, exposición, Universidad Autónoma de Madrid
Bibliografía científica, publicación original


Ya esta abierta al público una interesante exposición que nos acerca a las características de la vida de las poblaciones neandertales, desde una perspectiva didáctica.
Los datos proporcionados por las excavaciones de diversos yacimientos peninsulares permiten la reconstrucción de los modos de vida de esta especie, dando respuesta a diferentes preguntas: ¿quiénes y cómo eran?, ¿cómo poblaban el territorio?, ¿cómo y de qué se alimentaban?, ¿cómo y con qué realizaban sus herramientas?, ¿dónde vivían?
Para ello se ha investigado a micro escala distintos rasgos del modo de vida de los Neandertales: estrategias de caza, competencia con los carnívoros, estacionalidad de las ocupaciones, aprovechamiento de recursos vegetales, captación de materias primas, diversificación de los conjuntos líticos, organización del espacio, y analizando la relación entre la flexibilidad del comportamiento y sus contextos específicos.
Este trabajo ha sido posible gracias al desarrollo del proyecto de I+D+I "Cara a cara: estudio del comportamiento neandertal a partir de contextos de alta resolución", en el que participan la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad de Girona y el Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES).
La muestra, de carácter itinerante, se encuentra emplazada en la Sala de Exposiciones del Campus de Cantoblanco de la Universidad Autónoma de Madrid hasta el próximo día 5 de febrero de 2017. El acceso es gratuito, y la sala permanece abierta de lunes a viernes, de 12 a 17 horas.

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lunes, 16 de enero de 2017

Ocupación humana en una cueva canadiense datada hace 24.000 años
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El hallazgo de huesos de una especie de caballo extinto con marcas de corte en Bluefish Caves (Canadá) ha posibilitado la datación por radiocarbono

Años de teorías profundamente asentadas acerca del poblamiento humano de Norteamérica podrían verse alteradas para siempre por los datos procedentes del yacimiento de Bluefish Caves, en Yukon (Canadá). El análisis de una mandíbula de una especie de caballo extinta (Equus lambei) que presenta marcas de corte por descarnamiento, ha proporcionado una datación por radiocarbono AMS calibrada de unos 24.000 años de antigüedad, pulverizando las dataciones más antiguas para la presencia humana en América por casi 10.000 años. Obviamente, los datos han generado cierto excepticismo en la comunidad científica, a la vez que aportan solidez a la "Beringian standstill Hypothesis", que afirma que algunas poblaciones humanas se habrían quedado aisladas en Beringia durante el Último Máximo Glacial y habrían cruzado hacia Norteamérica al comenzar a retraerse la capa de hielo.

Fecha de Publicación
13 de enero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Hakai Magacine
Fuente de las imágenes
Hakai MagacinePlos One
Palabras clave:
prehistoria, paleolítico superior, arqueología americana, “Beringian standstill hypothesis”, Bluefish Caves, Yukon, Canadá, Equus lambei, marcas de corte, gente
Bibliografía científica, publicación original
Plos One

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Traducción: Laura Benito Díez.
Hace unos 24.000 años, cuando la mayor parte de Norteamércia estaba sepultada bajo el hielo del último máximo glaciar, unos pocos cazadores se refugiaron en una pequeña cueva sobre el río Bluefish en lo que es actualmente el noroeste de Yukon (Canadá). Los cazadores habían matado a un caballo de Yukon (Equus lambei, actualmente extinto) y lo despiezaron utilizando microlitos extremadamente afilados. Al cortar la carnosa lengua del caballo, los microlitos dejaron claras marcas en el hueso de la mandíbula. Milenios después, la arqueóloga e investigadora predoctoral Lauriane Bourgeon observó estas marcas a través de su microscopio en la Universidad de Montreal y añadió el fragmento de antigua mandíbula a su pequeña selección de muestras para ser datadas por radiocarbono.
Los huesos procedían de excavaciones lideradas por el arqueólogo Jacques Cinq-Mars y realizadas entre 1977 y 1987, y se encontraban almacenados desde entonces en el Museo Canadiense de Historia en Gatineau, Quebec. En aquel momento, Cinq-Mars y su equipo llegaron a la conclusión de que Bluefish Caves contenía evidencias de uso humano ocasional hace ya unos 30.000 años. Eso es increíblemente antiguo comparado con el resto de evidencias arqueológicas americanas, así que las conclusiones de Cinq-Mars fueron ampliamente discutidas, y las tres pequeñas cuevas fueron apartadas de la discusión sobre el poblamiento de América durante largo tiempo.
La idea de investigar un yacimiento tan controvertido resultó muy atractiva para Bourgeon: "Alaska, Yukon, acumulaciones de huesos, cuevas, los primeros pobladores...ahí estaba. ¡Ese era el hechizo del Yukon!", escribe en un correo a Hakai Magazine.
Bourgeon envió seis piezas de hueso que contenían evidencias de marcas de corte con herramientas de piedra a un laboratorio en Oxford (Inglaterra) para su datación por radiocarbono AMS. La más moderna resultó ser un hueso de caribú de 12.000 años de antigüedad (datación calibrada). Y la más antigua: la mandíbula de caballo de 24.000 años de antigüedad (datación calibrada).
El hallazgo, publicado en la revista PLOS One, convierte a Bluefish Caves en el yacimiento arqueológico más antiguo conocido de Norteamérica, por un margen de casi 10.000 años, y confirma gran parte del trabajo de Cinq-Mars.
Previamente, las ocupaciones humanas más antiguas aceptadas se habían documentado en tres yacimientos de Alaska y uno justo en la frontera con Yukon, todos ellos datados hace unos 14.000 años.
"Teníamos sospechas de que la presencia humana podía ser antigua cuando hallamos marcas de corte sobre huesos de caballo", afirma Bourgeon. Se considera que los caballos se extinguieron en la región hace unos 14.000 años. "Así que cuando Tom Higham del laboratorio de radiocarbono de Oxford nos envió los resultados...¡estábamos realmente emocionados!".
Bourgeon afirma que su investigación añaden peso a otra teoría controvertida, conocida en inglés como Beringian standstill hypothesis
Es una teoría asumida que las gentes de Siberia se desplazaron hacia el sur cuando los glaciares avanzaron y regresaron para cruzar hacia Norteamérica cuando el hielo se retiró. Pero estudios genéticos recientes sugieren que algunos grupos de población sobrevivieron a las hostiles condiciones del Último Máximo Glacial aislados en la relativamente acogedora Beringia, un continente ahora casi totalmente bajo el agua, que entonces se extendía de Siberia hasta el río Mackenzie en Canadá. Y posteriormente se movieron hacia el interior de Norteamérica cuando las condiciones climáticas mejoraron. La evidencia arqueológica de su presencia ha sido esquiva, pero los huesos descarnados de Bluefish Caves podrían proporcionar esa conexión perdida.
John Hoffecker, arqueólogo y paleoecólogo humano de la Universidad de Colorado y autor de la hipótesis de la parada en Beringia, está de acuerdo en que los huesos con marcas de corte son una contundente evidencia de la ocupación humana temprana. Pero lo que le dejó asombrado, según sus palabras, fue un comentario recogido en las notas originales e inéditas de Cinq-Mars, donde afirma que se hallaron herramientas de piedra en los más profundos y antiguos sedimentos de la cueva. "Tan pronto como ví la información, me dí cuenta de que estamos ante un caso bastante sólido de una ocupación durante el Último Máximo Glacial hace 24.000 años".
A pesar de las dataciones absolutas, no todo el mundo se muestra convencido de los hallazgos. El arqueólogo Ben Potter, de la Universidad de Alaska en Fairbanks, ha buscado por Alaska yacimientos anteriores a hace 14.500 años sin éxito. Afirma que la investigación es interesante, pero el pequeño número de marcas de corte y la ausencia de evidencias contundentes de que las herramientas halladas en la cueva produjeran los cortes le producen dudas. Él aún considera incierto que Bluefish Caves sea el yacimiento más antiguo con presencia humana en Norteamérica.

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Un colgante de diente de zorro en Cova Eirós
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La pieza tiene unos 26.000 años de antigüedad, y se ha recuperado gracias a las investigaciones continuadas en el yacimiento desde 2008

Las investigaciones sistemáticas que se suceden en Cova Eirós desde 2008 revelan un interesantísimo panorama acerca de la vida de las últimas poblaciones neandertales en el norte de la península Ibérica y el establecimiento de grupos cazadores-recolectores del Paleolítico superior. Precisamente entre los últimos hallazgos presentados se encuentra un colgante realizado con un diente de zorro de 26.000 años de antigüedad. La importancia de los restos que guarda la cueva ha motivado una apuesta firme por parte de la administración por la continuidad de las excavaciones arqueológicas.

Fecha de Publicación
13 de enero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
IPHESLa InformaciónEl Correo Gallego
Fuente de las imágenes
La Voz de Galicia
Palabras clave:
prehistoria, paleolítico medio, paleolítico superior, Cova Eirós, Triacastela, Lugo, Galicia, España, neandertales, Homo sapiens, fuego, adorno, gente
Bibliografía científica, publicación original


Cova Eirós va revalidando año a año su importancia como yacimiento de referencia peninsular en cuanto a su ocupación hace unos 40.000 años por los últimos neandertales y la posterior secuencia de ocupación por parte de humanos modernos durante todo el Paleolítico superior.
A hallazgos clave de otras campañas como son las primeras manifestaciones de arte rupestre paleolítico documentadas en la región gallega, se van añadiendo nuevas evidencias de la vida de nuestros antepasados, como son el hallazgo de un colgante realizado con un diente de zorro de unos 26.000 años de antigüedad, o la documentación de una de las pocas hogueras que se conocen del Paleolítico medio.
La cronología de su ocupación nenadertal, que se sitúa en los momentos finales de esta especie, durante la última glaciación, otorga una relevancia especial a los hallazgos en estos niveles de la cueva, lo que sin duda ha favorecido la apuesta de las administraciones por dar continuidad a las investigaciones en la cavidad. Las intervenciones en los próximos años aún pueden aportar importantes novedades, puesto que sus investigadores afirman que aún queda más de un metro y medio de sedimentos por estudiar en su interior.
En este momento, según han explicado los responsables del proyecto de Cova Eirós durante la presentación de los últimos hallazgos, Ramón Fábregas y Arturo de Lombera, de la Universidad de Santiago de Compostela y del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social respectivamente, se está ahondando en el conocimiento de los modos de vida y el mundo simbólico de los últimos grupos de neandertales y los primeros humanos modernos en el norte peninsular. A su vez, se dan pasos importantes para aclarar aspectos del proceso de extinción de las últimas comunidades de neandertales del norte y cuestiones relativas a las representaciones artísticas realizadas por este grupo en el contexto de la cueva.
Actualmente, la excavación del nivel 3, datado en el Paleolítico medio, y la recuperación de más de diez mil registros y piezas en la cavidad confirman a Cova Eirós como uno de los yacimientos de referencia para el estudio de la evolución de los modos de vida, de la tecnología, de la fauna y de las condiciones paleoclimáticas de las comunidades prehistóricas de cazadores recolectores que ocuparon Galicia hace 40.000 años.
Las primeras ocupaciones prehistóricas datan de entre 39.000 y 41.000 años, con los últimos grupos de neandertales, a los que siguen los grupos de cazadores del Paleolítico superior, los primeros agricultores del Neolítico e incluso hay registros de actividad hasta la Edad Media, con cerámica del siglo XI, en donde hubo "una ocupación intensa".
De hecho, los niveles del siglo XI han proporcionado "una de las mejores colecciones de cerámicas medievales contextualizadas" del noroeste peninsular.

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viernes, 13 de enero de 2017

Un carro de juguete para estudiar la tecnología romana
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El estudio de una pequeña biga de bronce conservada en el British Museum revela detalles constructivos desconocidos

La carrera de carros disputada en la superproducción Ben-Hur forma ya parte del imaginario colectivo. Desafortunadamente, ningunos de los carros utilizados en época romana ha llegado a nuestros días, por lo que los secretos de su construcción se han perdido en el tiempo... ¿o quizá no? Una pequeña reproducción en bronce de una biga romana conservada en el British Museum y hallada en el Tíber a finales del siglo XIX parece guardar más secretos de lo que podría parecer a simple vista. E incluso podría haber pertenecido al mismísimo Nerón.

Fecha de Publicación
12 de enero de 2016
Fuentes de información digital utilizadas
ArchaeologySeeker
Fuente de las imágenes
British Museum
Palabras clave:
mundo clásico, romanos, carreras de carros, biga, tecnología, construcción, juguetes, moda
Bibliografía científica, publicación original
Journal of Roman Archaeology

Traducción: Laura Benito Díez.
Un detallado examen de un antiguo carro de juguete, concretamente una reproducción de una biga romana hecha en bronce, ha revelado un importante detalle que podría haber llevado a los antiguos conductores de estos vehículos a la victoria.
El estudio del pequeño carro de 2.000 años de antigüedad hallado en río Tíber en la década de 1890 y que ahora se exhibe en el British Museum, ha puesto de manifiesto un "truco" secreto. Para aumentar las posibilidades de ganar en las carreras de bigas, y probablemente también de cuádrigas, la rueda derecha del carro se equipaba con un fino aro de hierro.
"Las ruedas normales estaban hechas de madera, cuero y cola de origen animal, y tiras sin trabajar de cuero atadas en las uniones de las piezas, que se apretaban a medida que se secaban, como abrazaderas", explica el autor Bela Sandor, profesor emérito de Ingeniería Física en la Universidad de Wisconsin en Madison. "Cualquier rueda de hierro hecha para las carreras consistiría en un muy fino aro de hierro en la parte exterior de la llanta de madera, mejor si se monta caliente sobre la madera, para consolidar toda la estructura".
Añadir esta tira de hierro a la rueda derecha del carro aumentaría las oportunidades del conductor de ganar hasta rozar el 80%, según este estudio publicado en el último número de Journal of Roman Archaeology.
"La solución tiene todo el sentido desde el punto de vista de la ingeniería. antigua o moderna", afirma Sandor.
Desafortunadamente ningún carro de carreras romano se ha conservado hasta la actualidad. Las evidencias arqueológicas acerca de esta configuración en una sola de las ruedas proceden únicamente de un pequeño juguete a escala que se incluye actualmente en los fondos expuestos del British Museum.
El pequeño juguete representa una biga, un carro de dos ruedas arrastrado por dos caballos, aunque a este modelo de bronce le falta por avatares de su historia uno de los dos caballos y el conductor.
El carro de bronce era probablemente un juguete para un individuo rico, quizá incluso el emperador Nerón, quien según Suetonio solía jugar con este tipo de objetos.
"Las ruedas originalmente podían rotar libremente sobre el eje. Fue hecho por alguien que sabía un montón de carros de carreras", dice Sandor.
Usando el juguete en miniatura y estimaciones independientes como guía, Sandor ha podido establecer las principales dimensiones de los carros romanos de carreras. Ha llegado a la conclusión de que un vehículo romano estándar pesaba entre 25 y 30 kilos, tenía un ancho entre las ruedas de unos 155 centímetros, un diámetro de las ruedas de unos 65 centímetros y una viga o lanza de 230 centímetros.
Entre los detalles de la maqueta encontrada en el Tíber, Sandor y Judith Swaddling, del british Museum, percibieron un borde ligeramente elevado solo en la rueda derecha, indicando que un fino aro de hierro reforzaba la rueda.
"Dos ruedas idénticas habrían sido más fáciles de producir tanto para un juguete como para un carro real. Pero un cliente de alto rango probablemente demandaría para su sofisticado juguete una auténtica representación de la realidad, si de hecho esa pieza se colocaba solo en una rueda", dice Sandor.
Ya que era más fácil guiar a los caballos en giros a la izquierda, la mayoría de las carreras se celebraban en sentido contrario a las agujas del reloj.
"De hecho, el refuerzo en el lado derecho funciona mejor en arenas de forma ovalada si el giro es siempre hacia la izquierda", continúa Sandor.
Sandor ha explicado que algunos corredores reforzaban las ruedas derecha solo porque todos los carros se inclinan hacia la derecha y sobrecargaban las ruedas derechas solo en los giros a la izquierda.
"Esto tiene todo el sentido para cualquiera que comprende las dinámicas de un vehículo durante el giro. Es una sensación común entre la gente que conduce un vehículo que gira muy deprisa. Estar de pie en un autobús que gira es un buen ejemplo", dice Sandor.
Perteneciese o no al mismísimo emperador, lo cierto es que este preciso juguete es una gran fuente de información para comprender la ingeniería romana tras la construcción de carros de carreras.

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Posibles prácticas caníbales en el Mesolítico valenciano
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Diversas marcas de corte, descarnamiento y fractura para alcanzar el tuétano han sido documentados en huesos humanos de Coves de Santa Maira

Cosas que nos causan sorpresa y asombro. Hace unos 9.000 años, un grupo de cazadores-recolectores que vivía en la zona de la actual Marina Alta (Alicante), se dedicó a despiezar y romper cuidadosamente los cuerpos, y por tanto los huesos, de dos adultos y un niño de dos años, probablemente para comer su carne y, literalmente, sorber hasta el tuétano. Así lo han dado a conocer investigadores de la Universidad de Valencia, que han recuperado 30 restos óseos humanos en les Coves de Santa Maira (Castell de Castells) plagados de marcas de corte con herramientas de piedra, marcas de dientes, y evidencias de haber sido machacados para acceder a su interior. En palabras de Juan V. Morales Pérez, autor principal del estudio, las marcas “siguen el orden lógico de un proceso de carnicería y consumo”. Y los restos fueron depositados allí mismo, en el mismo entorno el en que aparecen huesos de otros animales que formaban parte de su dieta.

Fecha de Publicación
12 de enero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Efe FuturoUniversidad de Valencia
Fuente de las imágenes
Journal of Anthropological Archaeology
Palabras clave:
prehistoria, mesolítico, Coves de Santa Maira, Castell de Castells, Marina Alta, Alicante, España, canibalismo, ritual funerario, sucesos, destacados
Bibliografía científica, publicación original
Journal of Anthropological Archaeology

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Los trabajos de investigación que realiza la úniversidad de Valencia en les Coves de Santa Maira, en Castell de Castells (Marina Alta, Alicante) han puesto de manifiesto la presencia de restos óseos humanos con evidencias de canibalismo de hace entre 10.200 y 9.000 años de antigüedad.
En total se han localizado 30 restos óseos humanos que presentan marcas de manipulación por corte y fractura, y que pertenecerían al menos a 3 individuos, dos adultos y un niño de apenas dos años.
La investigación ha sido publicada en Journal of Anthropological Archaeology, y en ella se argumenta la interpretación como un comportamiento antropófago o caníbal de los grupos de cazadores-recolectores mesolíticos del Mediterráneo occidental. Los investigadores basan sus conclusiones en que las distintas marcas identificadas sobre los restos óseos “siguen el orden lógico de un proceso de carnicería y consumo”, según ha explicado Juan V. Morales Pérez, autor principal del estudio.
Las marcas fueron realizadas con útiles líticos, dentales, de percusión y de fuego. Para poder identificarlas, especialmente las dentales, que serían muy similares a las dejadas por carnívoros no humanos, se ha recurrido a estudios comparativos con las marcas identificadas sobre restos de animales hallados en las mismas capas del yacimiento.
“Sabemos que los cazadores-recolectores del Mesolítico (10.500 - 7.000 años) explotaron de forma combinada diferentes recursos y ecosistemas, desde la costa a la media montaña. Por tanto, eran grupos que conocían y consumían una amplia variedad de recursos, sin que tengamos evidencia de una carencia nutricional que permita contextualizar este comportamiento”, añade Morales.

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