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miércoles, 23 de mayo de 2018

La Historia de Roma de Séneca el Viejo no se perdió para siempre
by LB Paleorama - 0

Historia de Roma de séneca el Viejo. Villa de los Pisones, Herculano. Foto: Ministerio de Bienes Culturales de Italia

La Biblioteca Nacional de Nápoles ha hallado fragmentos de este manuscrito que ya se daba por perdido

La erupción del Vesubio arrasó vidas y bienes a su paso, pero al mismo tiempo algunos objetos, pinturas, materiales perecederos como maderas, quedaron preservados para siempre, un instante detenido en el tiempo. La Biblioteca Nacional de Nápoles atesora distintos rollos de papiro con manuscritos procedentes de las excavaciones arqueológicas de Pompeya, Herculano, Stabia, que han conservado en su interior valiosos textos de la antigüedad. Esta semana la biblioteca ha presentado el hallazgo entre estos manuscritos de un texto que se consideraba perdido para siempre, la “Historiae ab initio bellorum civilium” de Lucio Anneo Seneca el Viejo, una crónica de los primeros años del principado de Augusto y Tiberio.

Fecha de Publicación
21 de mayo de 2018
Fuentes de información digital utilizadas
Efe Futuro
Fuente de las imágenes
Efe Futuro
Palabras clave:
mundo clásico, romanos, manuscrito, Séneca el Viejo, Nápoles, Historia de Roma, sucesos
Bibliografía científica, publicación original


Aunque carbonizado por la erupción del Vesubio, la Biblioteca Nacional de Nápoles ha localizado entre sus fondos un manuscrito que contiene fragmentos de una Historia de Roma escrita por Séneca el Viejo, y que se consideraba que se había perdido ya para siempre.
El manuscrito procede de las excavaciones en la ciudad romana de Herculano, arrasada por la erupción de 79 d.C. Estaba escrito sobre un rollo de papiro con el que la filóloga y papiróloga Valeria Pino lleva trabajando un año para recomponer todos sus fragmentos.
Estudios posteriores realizados sobre el papiro reconstituido han logrado descifrar partes del texto y datar el manuscrito. Según recoge el comunicado emitido por la Biblioteca Nacional de Nápoles, los distintos análisis han permitido identificar con certeza el texto, la “Historiae ab initio bellorum civilium” de Lucio Anneo Seneca el Viejo o Retórico, que fue padre del famoso filósofo Séneca.
El texto recoge la realidad histórico-política de los primeros años del principado de Augusto y Tiberio (27 a.C.-37 d.C.).
Los fragmentos estudiados corresponden al papiro P.Erc.1067, que fue hallado en la Villa de los Pisones de Herculano y había sido depositado en la biblioteca tras su hallazgo. Inicialmente se había pensado que recogía un discurso político que Lucio Manlio Torquado pronunció ante el senado.
La atribución del papiro a Séneca el Viejo indicaría que la biblioteca de la Villa de los Pisones fue hace más de dos milenios “un vital centro de estudios", hasta la destrucción de la ciudad por la erupción del Vesubio.

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viernes, 18 de mayo de 2018

Una gran complejidad cerebral en un embalaje muy pequeño
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Cráneo de Homo naledi hallado en Rising Star Cave, Sudáfrica. Foto: NY Times.

El pequeño cerebro de Homo naledi replantea la evolución humana

¿Y si lo que hemos estado estudiando como la aparición de la conducta humana no lo fuese? El descubrimiento en 2013 en la cueva de Rising Star (Sudáfrica) de los restos de varios individuos de una especie de homínido desconocida, y la polémica inicial sobre su datación ya tienen segunda parte. Se acaba de publicar un estudio centrado en la cavidad cerebral de esta especie, Homo naledi, que tendría el tamaño de una naranja, y especialmente en las improntas dejadas en su interior por sus cerebros. Este molde interno o endocast parece indicar que a pesar de su tamaño este cerebro ya tendría una gran complejidad. Aunque ya sabíamos que el desarrollo de la inteligencia humana no se basa principalmente en el volumen cerebral, la polémica está servida.

Fecha de Publicación
14 de mayo de 2018
Fuentes de información digital utilizadas
New York TimesThe IndependentNOMBRE
Fuente de las imágenes
New York TimesPNAS
Palabras clave:
evolución humana, Homo naledi, cerebro, cráneo, endocast, molde interno, desarrollo, gente
Bibliografía científica, publicación original
PNAS

  • Vista posterior oblicua del modelo 3D de las superficie endocraneal positiva del fragmento de occipital DH1 con iluminación oblicua.
  •  
  • http://www.pnas.org/content/pnas/early/2018/05/08/1720842115/F2.large.jpg
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  • Evolución del pliegue cerebral (gyrus) inferior frontal. (A) P. troglodytes (ISIS 6167). (B) H. sapiens 152. (C) Au. sediba MH1 endocast. (D) H. naledi DH3 endocast.
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Homo naledi parece haber venido a llamar la atención. Para empezar con su descubrimiento y clasificación, que no parecía encajar con ningún homínido identificado anteriormente en el esquema evolutivo comúnmente aceptado. Después con su cronología, y ahora le toca el turno a su complejidad cerebral. Su identificación como nueva especie, a partir de 15 esqueletos parciales localizados en el complejo de cuevas Rising Star de Sudáfrica contaba con un registro fósil demasiado amplio como para ser rechazada. Cuando el hallazgo fue presentado en 2015, no se podían aún aportar datos concluyentes sobre su cronología, que ayudasen a ubicar la especie en ese esquema mental que llamamos árbol evolutivo, y que en realidad es una maraña que la investigación va complicando más en vez de aclarar.
El pasado año, los directores científicos de las excavaciones en Rising Star declaraban que estos individuos encontrados en el complejo de cuevas pudieron haber vivido hace entre 200.000 y 300.000 años, solapándose entonces con los primeros individuos de Homo sapiens conocidos en África, y compartiendo horizonte cronológico con denisovanos y neandertales. Aunque por otra parte, algunas características anatómicas de Homo naledi parecen relacionarlo con los primeros Homo erectus, Homo habilis y Homo rudolfensis.
Esta semana ha visto la luz en la publicación científica PNAS un estudio sobre los restos craneales de H. naledi, basado especialmente en la impronta que los pliegues cerebrales dejan sobre la superficie ósea interna del cráneo a lo largo de los años de vida de un individuo. Este molde interno o endocast nos proporciona importantes pistas sobre la morfología de estas partes blandas que de otro modo no sobreviven al paso de los milenios.
Basados en las evidencias observadas sobre estas superficies craneales, los científicos piensan que aunque el cerebro de Homo naledi tenía un volumen muy reducido, apenas el equivalente a una naranja o a nuestro puño cerrado, su complejidad interna podría asemejarse a la de los humanos modernos.
Uno de los fragmentos de cráneo estudiados tenía una huella muy clara de las circunvoluciones en la superficie del lóbulo frontal izquierdo del cerebro. Esta impronta parece reflejar que la anatomía del lóbulo frontal de 'Naledi' era similar a la de los humanos, y muy diferente de los grandes simios. Otros miembros de nuestro género, como 'Homo erectus','Homo habilis' y 'Homo floresiensis', también comparten características del lóbulo frontal con seres humanos vivos.
Teniendo en cuenta las regiones del cerebro que H. naledi comparte con humanos modernos, los investigadores sugieren que habría desarrollado comportamientos complejos. "¿Es este aspecto de la evolución cerebral central para el habla o para la fabricación de herramientas? No sabemos lo suficiente como para decirlo", afirma John Hawks, paleoantropólogo en la Universidad de Wisconsin y coautor del estudio.
Según Hawks, "el cerebro de Naledi parece uno que uno podría predecir para Homo habilis, hace dos millones de años. Pero H. habilis no tenía un cerebro tan pequeño como H. naledi. Una organización cerebral similar a la humana podría significar que los 'naledi' compartían algunas conductas con los humanos a pesar de tener un cerebro de tamaño mucho más pequeño.
Si Homo naledi habitaba el sur de África en las fechas propuestas, quizá la explosión de novedades reflejada por la cultura material aparecida hace unos 250.000 años en África no proceda de un solo tipo de homínidos. Hasta ahora este cambio se había ligado a Homo sapiens. En palabras del doctor Lee Berger de la Universidad de Witwatersrand (Sudáfrica): "¿Qué pasa si hemos estado estudiando la aparición de la conducta humana moderna, y eso no es la aparición de la conducta humana moderna?".

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miércoles, 16 de mayo de 2018

Lo que sepultó el Vesubio en Civita Giuliana
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Calco en yeso del caballo encontrado en Civita Giuliana, Pompaya. Foto: Parco Archeologico di Pompei.

Por primera vez ha sido posible obtener un calco de un caballo fallecido en la erupción del Vesubio en 79 d.C.

Ni un entorno como el de Pompeya se libra de las acciones de los furtivos. El descubrimiento de excavaciones ilegales en el enclave de Civita Giuliana, en las proximidades de la ciudad, ha llevado a la realización de excavaciones arqueológicas en el sitio por parte del equipo del Parco Archeologico de Pompei, en las que se ha podido recuperar por primera vez el molde en yeso de un caballo atrapado por la ceniza arrojada por el Vesubio en su erupción de 79 d.C. El molde revela un gran detalle anatómico en zonas concretas como la oreja izquierda, y los restos óseos recuperados en su interior serán estudiados en busca de más información y posibles patologías. La recuperación de parte de sus arreos, realizados en hierro con elementos de bronce, indican el alto estatus del animal, que por sus dimensiones indica además una cuidadosa selección de ejemplares practicada ya entonces en Pompeya.

Fecha de Publicación
10 de mayo de 2018
Fuentes de información digital utilizadas
Parco Archeologico di PompeiThe Local
Fuente de las imágenes
Parco Archeologico di Pompei
Palabras clave:
mundo clásico, romanos, Civita Giuliana, Pompeya, Pompeii, Italia, caballo, molde, arreos, bronce, Vesubio, mascotas
Bibliografía científica, publicación original


  • Detalle de la cabeza con restos dentales, calco en yeso de caballo, Civita Giuliana, Pompeya. Foto: Parco Archeologico di Pompei.
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  • Impronta de la oreja izquierda del caballo de Civita Giuliana con detalle de los arreos de hierro y bronce. Foto: Parco Archeologico di Pompei.
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  • Derrumbe de tejado de tejas documentado en Civita Giuliana, Pompeya. Foto: Parco Archeologico di Pompei.
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  • Enterramiento realizado después de la erupción de 79 d.C., Civita Giuliana, Pompeya. Foto: Parco Archeologico di Pompei.
Las labores de investigación realizadas a raíz del descubrimiento de excavaciones furtivas en el enclave de Civita Giuliana (Pompeya, Italia) han proporcionado una serie de hallazgos arqueológicos de gran relevancia, entre los que se encuentran los primeros restos de un caballo recuperados de entre las cenizas de la erupción del Vesubio que arrasó la zona en 79 d.C.
Entre los distintos ambientes individualizados se encuentra un establo con restos de équidos. La técnica del calco ha permitido identificas un pesebre cuya estructura, probablemente construida en materiales perecederos, es ahora visible únicamente gracias al calco de yeso.
Del mismo modo, la identificación en la zona central del establo de un hueco causado por la desaparición de materia orgánica en el interior del estrato denominado "tuono", ha permitido la realización por primera vez de un calco en yeso de un équido. El animal se apoya en el suelo sobre su flanco izquierdo, mostrando hacia arriba el derecho. Los cuartos traseros aparecen alterados por las actividades de los expoliadores que realizaron excavaciones ilegales en la zona en tiempos recientes.
Los restos esqueléticos visibles del animal muestran una buena osificación, lo que cuadra con un individuo adulto. El futuro examen radiológico del esqueleto podrá restituir datos más precisos, e incluso aportar información sobre el estado de salud del animal.
La atribución a un especie concreta aún no ha sido posible. El análisis preliminar de su morfología, proporciones y altura de su grupa indican que probablemente se trata de un caballo (Equus caballus). El examen detallado de la impronta de su oreja izquierda, perfectamente visible en la capa volcánica, evidencia características dimensionales y morfológicas que se asemejan más al caballo que al mulo. El animal muestra una altura hasta su lomo de unos 150 centímetros. Conviene tener presente que los caballos antiguos eran probablemente de un tamaño más reducido respecto a los actuales, por lo que el caballo de Civita Giuliana tenía unas dimensiones considerables para la época. Este dato podría reflejar la existencia de équidos altamente seleccionados en el área de Pompeya en torno a 79 d.C.
En la zona del cráneo se observan restos de arreos de hierro con pequeños elementos realizados en bronce. Estos elemento están probablemente relacionados con el gran valor y el uso que habría tenido el animal.
Se han recuperado en la zona más restos de équidos, aunque no ha sido posible realizar moldes porque en este caso el estrato volcánico había colapsado, probablemente debido a la presencia de muchos huecos correspondientes a otros tantos cadáveres de animales.
El caballo de Civita Giuliana debía formar parte de la "raza más noble" que recoge Columela en 'De Re Rustica', un indicador de la riqueza de su patronus, por sus imponentes dimensiones, probablemente fruto de una cuidada selección, y por sus arreos realizados en hierro y bronce. Este caballo habría sido un animal de representación que, a pesar de su alto valor simbólico, sufrió el mismo destino que muchos otros équidos presentes en numerosos establos del entorno de Pompeya y sus vías extra urbanas en el momento de la erupción de 79 d.C.

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martes, 15 de mayo de 2018

Con estas herramientas se hacían los tatuajes en la Prehistoria
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Conjunto de agujas de hueso para hacer tatuajes, conchas con pigmentos y herramientas de piedra. Tennessee, EE.UU. 1600 a.C. Foto: Aaron Deter-Wolf.

Arqueólogos norteamericanos identifican un kit para hacer tatuajes de 3.600 años de antigüedad

Como ya hemos comentado en muchas ocasiones, la arqueología no solo se practica en el campo. Revisando una colección de objetos procedente de una excavación de emergencia realizada en 1985 para la construcción de un puente al oeste de Nashville (Tennessee, EE.UU.), el arqueólogo Aaron Deter-Wolf y la zoóloga Tanya Peres se han topado con lo que parece ser el kit de tatuaje más antiguo que se haya documentado hasta ahora. El conjunto, formado por agujas de hueso, conchas con pigmentos y útiles de piedra, había sido depositado en un enterramiento realizado junto a un campamento estacional de unos 3.600 años de antigüedad. Este tipo de útiles debieron ser muy abundantes, ya que prácticamente todas las etnias de nativos americanos han realizado tatuajes de forma frecuente desde su pasado remoto.

Fecha de Publicación
14 de mayo de 2018
Fuentes de información digital utilizadas
Mental FlossABC
Fuente de las imágenes
Mental FlossABCDaily Mail
Palabras clave:
arqueología americana, Tennessee, EE.UU., tatuajes, herramientas, hueso, pigmentos, nativos americanos, prehistoria, moda
Bibliografía científica, publicación original


  • Agujas para hacer tatuajes realizadas sobre hueso de pavo salvaje. Foto: Aaron Deter-Wolf.
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  • Restos de ocre sobre aguja de hueso para hacer tatuajes. Foto: Aaron Deter-Wolf.
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  • rabado representando al jefe Mohawk Sa Ga Yeath Qua Pieth Ton, con abundantes tatuajes sobre su cuerpo.
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  • Detalle de dos de las agujas de hueso identificadas. Foto: Aaron Deter-Wolf.
Proceden de Tennessee, y fueron recuperados en 1985, pero desde entonces habían permanecido en el almacén de un museo y nadie había reparado en su funcionalidad. El arqueólogo Aaron Deter-Wolf, de la Tennessee Division of Archeologyy, y la zoóloga Tanya Peres, de la Universidad Estatal de Florida, se encontraron con este conjunto de útiles recuperados en Williamson County, Tennessee, y tras estudiarlos en detalle han llegado a la conclusión de que se trata de un conjunto de herramientas utilizado para realizar tatuajes.
El tatuado era una práctica habitual en la prehistoria, aunque contamos con muy escasas evidencias directas debido a la fragilidad del soporte sobre el que se realiza, la piel. Ötzi, el Hombre de los Hielos, con una antigüedad de más de 5.200 años, es el ejemplo más antiguo y completo conocido, con 61 tatuajes a lo largo de su cuerpo. También momias egipcias predinásticas conservan tatuajes muy antiguos, entre ellos los primeros tatuajes figurativos documentados. Otros tatuajes famosos pertenecen a las momias Pazyryk de las estepas rusas.
El conjunto de útiles recién identificado tiene una antigüedad de unos 3.600 años. Está compuesto por varios huesos huecos y afilados en alguno de sus extremos. Se trata de huesos de pavo salvaje, y la parte afilada conserva restos del pigmento utilizado para realizar los tatuajes. Los huesos fueron depositados en un enterramiento situado al oeste de Nashville, en un campamento situado junto a un río, conocido como Fernvale, que fue usado durante siglos por cazadores-recolectores prehistóricos.
El asentamiento fue excavado durante la construcción de un puente en 1985, pero en aquel momento los arqueólogos no pudieron analizar los restos en profundidad. El conjunto de agujas de hueso, conchas llenas de pigmento y herramientas de piedra fue etiquetado como conjunto de herramientas y almacenado durante 30 años.
En un principio Deter-Wolf y Peres pensaron que podía tratarse de un conjunto médico, un grupo de objetos que componen una especie de altar portátil. Pero un cuidadoso análisis reveló su posible uso como agujas y pigmento para realizar tatuajes.
Los tatuajes tenían una gran relevancia entre los nativos americanos, en el momento de la llegada de los europeos al continente, prácticamente todos los grupos de nativos americanos en Great Plains y Eastern Woodlands practicaban el tatuaje, tal y como ha explicado Aaron Deter-Wolf. «Si se trata de algo tan generalizado y tan importante, sospechamos que está muy arraigado en la historia de los nativos americanos», añade.
Los motivos que se tatuaban en muchas ocasiones estaban relacionados con la etnia a la que pertenecían. También se conocen otros casos como el de un jefe iroqués que vivió durante el siglo XVII y que tenía en su muslo 60 tatuajes que simbolizaban a otros tantos enemigos abatidos.

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lunes, 14 de mayo de 2018

Recrean partes del cerebro neandertal
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Modelos de Kennis de Homo sapiens (izquierda) y un Neandertal. Foto: Kevin Webb/NHM Image Resources/The Natural History Museum, London

El Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva está cultivando células madre de humanos modernos con características "neandertalizadas"

Suena a ciencia-ficción pero no lo es. En el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Leipzig, Alemania) están desarrollando distintas partes de tejido cerebral llamadas organoides cerebrales, con ADN "neandertalizado". Este experimento, con un recorrido inicial de meses solo para el crecimiento de las muestras, podría encontrar o descartar diferencias sustanciales entre el desarrollo cerebral neandertal y el nuestro. Svante Pääbo, director del instituto, ha explicado qué esperan encontrar.

Fecha de Publicación
11 de mayo de 2018
Fuentes de información digital utilizadas
The Guardian
Fuente de las imágenes
The Guardian
Palabras clave:
evolución humana, genética, ADN, neandertales, células madre, cerebro, organoides cerebrales, Instituto Max Planck, Leipzig, gente
Bibliografía científica, publicación original


  • El profesor Svante Pääbo, director del genética evolutiva en el Instituto Max Planck Institute de Antropología Evolutiva. Foto: Christian Jungeblodt
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Traducción: Laura Benito Díez.
Los científicos se están preparando para crear "cerebros en miniatura" diseñados genéticamente para contener ADN neandertal, en un intento sin precedentes por comprender en qué nos diferenciamos de nuestros parientes más cercanos.
En los próximos meses los pequeños fragmentos de tejido, conocidos como organoides cerebrales, crecerán a partir de células madre humanas que han sido editadas para contener versiones "neandertalizadas" de distitntos genes.
Estos organoides del tamaño de una lenteja, incapaces de sentir o pensar, replican algunas de las estructiras básicas de un cerebro adulto. Podrían demostrar por primera vez si había diferencias significativas entre la biología de los cerebros de los humanos modernos y los neandertales.
"Los neandertales son los parientes más cercanos de los humanos actuales, así que si tuviéramos que definirnos como grupo o como especie, realmente sería con ellos con quienes deberíamos compararnos", dice Svante Pääbo, director del departamento de genética en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania), donde se están llevando a cabo los experimentos.
Pääbo ya lideró con éxito el esfuerzo internacional por descifrar el genoma neandertal, y su laboratorio está centrado ahora en traer los rasgos neandertales de vuelta a la vida en el laboratorio a través de sofisticadas técnicas de edición genética.
El laboratorio ha insertado ya genes neandertales del desarrollo craneofacial en ratones, y genes neandertales de la percepción del dolor en huevos de rana, que podrían indicar si tenían un umbral del dolor diferente al nuestro. Ahora el laboratorio está focalizando su atención en el cerebro.
"Queremos ver si podemos encontrar diferencias básicas en cómo funcionan las células nerviosas, lo que podría ser la base de por qué los humanos [modernos] parecen ser tan especiales cognitivamente", ha dicho Pääbo. La investigación llega en un momento en que el largamente sostenido estereotipo sobre los neandertales como brutos está siendo reescrito pro nuevas evidencias que reflejan que enterraban a sus muertos, realizaban arte rupestre y poseían cerebros más voluminosos que los nuestros.
En el sótano bajo el despacho de Pääbo, los científicos trabajan para extraer ADN de antiguos fósiles humanos y animales excavados en yacimientos a lo largo del mundo. El éxito del equipo pasa por tomar precacuciones contra la contaminación de manera obsesiva. Los investigadores deben llevar uniformes especiales, y las instalaciones se mantienen estériles mediante luces UV y un sofisticado sistema de filtrado del aire.
Bajo estas mismas restrictivas condiciones de trabajo este equipo descifró en 2010 el código del genoma neandertal a partir de muestras muy degradadas tomadas de cuatro mujeres que vivieron en Europa hace decenas de miles de años.
El genoma reveló que los neandertales se cruzaron con nuestros ancestros, de forma suficientemente exitosa como para que todos los no africanos actuales llevemos entre un 1% y un 4% de ADN neandertal. Y teniendo en cuenta que la gente adquirió diferentes genes, en conjunto en torno a un tercio del genoma neandertal aún está presente en las poblaciones modernas.
Sin embargo, también existen vacíos, largas secuencias del genoma neandertal que nadie heredó, posiblemente porque conferían desventajas de salud, fertildad, cognición o apariencia física.
"Queremos saber si entre estas cosas, hay algo escondido ahí que realmente nos diferencia", ha dicho Pääbo. "¿Hay una base biológica por la que los humanos modernos han llegado a ser millones y eventualmente billones de personas, se han diseminado por todo el mundo y tienen cultura?"
No hay certeza de si los diferentes destinos de las dos especies están relacionados con diferencias cognitivas, pero Pääbo dice: "Es tentador pensar eso, sí".
El último trabajo se centra en las diferencias en tres genes que se sabe son cruciales para el desarrollo cerebral. Mediante el uso de la técnica de edición genética CRISPR, se han introducido cambios en células madre humanas para asemejarlas a sus versiones neandertales.
Las células madre son forzadas con disparadores químicos para convertirse en neuronas, que se aglomeran espontáneamente y se auto organizan en estructuras cerebrales en miniatura que crecen hasta unos pocos milímetros de diámetro. La ausencia de estímulos sensoriales implica que la estructura interna es aleatoria y varía de un conglomerado al siguiente.
"Uno inicia el crecimiento de organoidesy lo deja ahí durante nueve meses y ve lo que ocurre", explica Gray Camp, jefe de grupo en el instituto que está supervisando los experimentos con organoides. "No obtienes un cerebro humano bien formado en absoluto, pero ves múltiples regiones más o menos formadas; puedes estudiar las sinapsis y la actividad eléctrica y diferencias de desarrollo tempranas".
Los científicos compararán entonces los organoides neandertalizados y los completamente humanos para observar la velocidad a la que se dividen, desarrollan y organizan las células madre en estructuras cerebrales tridimensionales y si las células cerebrales se imbrican de forma diferente.
"Un resultado soñado sería que los cambios [genéticos] llevasen a un mayor o más ramificado crecimiento neuronal", dice Pääbo. "Uno diría que podría ser una base biológica por la que nuestro cerebro funcionaría diferente".
El trabajo no revelará qué especie es más "inteligente", pero podría indicar diferencias en la habilidad para planificar, socializar y usar el lenguaje.
El laboratorio también está buscando cómo los genes neandertales que se encuentran frecuentemente en el ADN de la gente con ascendencia europea y asiática influyen en el desarrollo del cerebro. Al generar organoides a partir de células tomadas de personas vivas y estudiando cómo los genes neandertales se activan o no, el equipo puede ver si el desarrollo cerebral de una persona está ligeramente influido por sus antiguos ancestros neandertales.
"Podemos hacer crecer tu cerebro neandertal", dice Camp. "Podemos monitorizarlo y resucitar la funcionalidad de esos genes neandertales".

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viernes, 11 de mayo de 2018

Pinos y juníperos dominaban el paisaje madrileño hace 400.000 años
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Estado actual de la vega del valle del Manzanares. Foto: Joaquín Panera

El estudio se basa en amplias columnas polínicas obtenidas en las terrazas de los ríos Manzanares y Jarama

Los granos de polen, microscópicos, resistentes e irrepetibles, han ido guardando la historia de los ecosistemas bajo el suelo que pisamos, y permiten ahora interpretar 400.000 años de evolución del paisaje en la zona centro de la Península Ibérica. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Alcalá y el CENIEH con muestras procedentes de las terrazas fluviales del Manzanares y el Jarama ha permitido conocer las especies vegetales predominantes desde hace 400.000 años hasta el inicio del Holoceno hace unos 10.000 años. Hasta ahora no contábamos con un estudio de tal amplitud en todo el sur de Europa.

Fecha de Publicación
9 de mayo de 2018
Fuentes de información digital utilizadas
DicytSincCENIEH
Fuente de las imágenes
CENIEH
Palabras clave:
prehistoria, Pleistoceno medio, palinología, polen, vegetación, Madrid, España, Manzanares, Butarque, Jarama, Arganda, paleopaisaje, clima, tiempo
Bibliografía científica, publicación original
Quaternary International

La revista Quaternary International recoge un estudio que reconstruye 400.000 años de historia de los paisajes del centro de la Península Ibérica a través de muestras de polen obtenidas en las terrazas de los ríos Manzanares y Jarama, en la actual Comunidad de Madrid.
Las investigadoras Mª José Gil García y Mª Blanca Ruiz Zapata de la Universidad de Alcalá de Henares, y Susana Rubio, Joaquín Panera y Alfredo Pérez González del CENIEH, firman este estudio, que por primera vez permite caracterizar la evolución ambiental del centro peninsular en este arco cronológico a través de la evidencia polínica, y apoyándose a su vez en el registro fósil de fauna de la región.
La investigación ha revelado que hace unos 400.000 años las coníferas dominaban el paisaje, junto a un bosque mediterráneo. Posteriormente se observa un cambio hacia bosques húmedos, mientras que el final del Pleistoceno medio estuvo marcado por un momento frío que provocó un retroceso de los bosques, desapareciendo robles y encinas.
El Pleistoceno superior estuvo acompañado por una expansión de las especies mediterráneas asociadas a las zonas costeras del sur peninsular. Sin embargo, EL comienzo del Holoceno se relaciona con una menor diversidad de la vegetación, que pudo deberse en mayor medida a la actividad antrópica y no a las condiciones climáticas.
Estos datos se han obtenido a partir de los análisis de polen de ocho secuencias de sedimentos asociadas a yacimientos arqueológicos conocidos, Butarque en el caso de las terrazas del río Manzanares, y Arganda en el caso del río Jarama.
No solo se completa el conocimiento de la evolución ambiental del centro peninsular, sino que este estudio constituye uno de los pocos ejemplos de este tipo de información que se conocen para el sur de Europa en un marco temporal tan amplio.

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miércoles, 9 de mayo de 2018

Detectan actividad humana en Filipinas hace más de 700.000 años
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Industria lítica procedente de Kalinga, Filipinas.

Estos hallazgos documentan la presencia de nuestros antepasados cientos de miles de años antes de lo pensado

¿Fueron nuestros antepasados navegantes marinos hace 700.000 años? Mientras conseguimos contestar a esta pregunta, lo cierto es que en la isla de Luzón, en Filipinas, se han localizado evidencias de presencia humana que alcanzan tal antigüedad, cientos de miles de años mayor que la de los restos más antiguos conocidos en el archipiélago hasta la fecha. Los arqueólogos han localizado en Kalinga (Valle de Cagayan) decenas de herramientas de piedra, asociadas a un esqueleto prácticamente completo y despiezado de rinoceronte autóctono. Las llamativas dataciones han sido obtenidas mediante resonancia paramagnética electrónica sobre restos de esmalte dental y sobre cuarzo fluvial. Además de los hipotéticos conocimientos de navegación, los expertos también barajan la posible llegada de estos homininos a través de lenguas de tierra arrancadas de la costa después de un tsunami.

Fecha de Publicación
2 de mayo de 2018
Fuentes de información digital utilizadas
ScienceSincIPHES
Fuente de las imágenes
Nature
Palabras clave:
prehistoria, pleistoceno medio, paleolítico inferior, Kalinga, Luzon, Filipinas, poblamiento, homininos, industria lítica, fauna, Rhinoceros philippinensis, resonancia paramagnética electrónica, electron-spin resonance, gente
Bibliografía científica, publicación original
Nature

  • Diferentes tipos de marcas en la superficie de los huesos. Kalinga, Filipinas.
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  • Restos de fauna de la unidad arqueológica F. Kalinga, Filipinas.
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  • Geología y sedimentología del yacimiento arqueológico de Kalinga, Filipinas.
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  • Geología y sedimentología del yacimiento arqueológico de Kalinga, Filipinas.
La revista Nature ha publicado recientemente un estudio sobre las excavaciones arqueológicas realizadas en Kalinga, en el valle de Cagayan, situado al norte de la isla de Luzón, la principal del archipiélago de las Filipinas. Estos trabajos han permitido recuperar 57 herramientas de piedra asociadas con un esqueleto casi completo y desarticulado de rinoceronte (Rhinoceros philippinensis), que muestra claros signos de despiezado. Esta especie se extinguió en estas islas hace al menos 100.000 años. Junto a estos restos se han podido recuperar otros elementos fósiles atribuidos a stegodon (un pariente de los elefantes), ciervo marrón de Filipinas, tortuga de agua dulce y varano. Todos los hallazgos proceden de un nivel rico en arcilla que ha sido datado entre 777.000 y 631.000 años de antigüedad, a través del uso de resonancia paramagnética electrónica. La técnica se ha realizado sobre esmalte dental y sobre cuarzo fluvial.
Estas evidencias llevan hacia atrás el periodo probado de colonización de Filipinas en cientos de miles de años, ya que anteriormente las evidencias más antiguas conocidas se remontaban a 67.000 años antes del presente. además, los nuevos hallazgos sugieren que la dispersión temprana más allá del mar hacia las islas del sudeste asiático por parte de homininos premodernos se sucedió varias veces a lo largo del Pleistoceno inicial y medio.

Las marcas en los huesos

Los restos óseos de rinoceronte recuperados presentan marcas de corte en las costillas y en las extremidades. También se observan evidencias de percusión en los huesos de una de las extremidades anteriores, que serían el resultado de las actividades de estos homininos, y demuestran que estos animales fueron consumidos por ellos.
El conjunto lítico localizado en asociación con el esqueleto de rinoceronte ha sido estudiado por Gema Chacón, investigadora especialista en tecnología lítica del IPHES.

Nuevos interrogantes

Estos hallazgos plantean ahora la cuestión acerca de cómo llegaron allí estos homininos en momentos tan tempranos. En el caso de los hervíboros, es conocido que son capaces de nadar largas distancias, por lo que se acepta de forma general que pudieron llegar a las Filipinas durante los períodos de bajo nivel del mar. Pero en el caso de los humanos esta hipótesis no parece factible. Por ello, los expertos se preguntan ahora si estos ancestros utilizarían ya algún medio de navegación, o si su llegada pudo producirse de forma accidental a través de lenguas de tierra arrancadas de la costa después de un tsunami, lo cual, si bien es algo infrecuente, es un fenómeno bien documentado en la zona.

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