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lunes, 24 de abril de 2017

De dónde viene Homo floresiensis
by LB Paleorama - 0


Un minucioso estudio anatómico sugiere que tiene mucha más relación con Homo habilis que con Homo erectus

Desde su aparición en 2003, Homo floresiensis, también conocido como el "hobbit" de la Isla de Flores, ha resultado una especie muy mediática. Las teorías iniciales sobre sus características y evolución han tenido que ser corregidas a la luz de la aparición de nuevos datos procedentes de distintas investigaciones. Así, la antigüedad inicialmente atribuída de unos 10.000 años ha pasado a ser de unos 54.000 debido a las últimas excavaciones en la cueva de Liang Bua. Y ahora, la teoría inicial que consideraba su evolución a partir de Homo erectus parece dejar paso a una aparición mucho más antigua de Homo floresiensis, relacionándolo con Homo habilis (1,75 MA). La polémica sigue de actualidad.

Fecha de Publicación
21 de abril de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
SincEuropa PressAustralian National University
Fuente de las imágenes
Australian National UniversitySinc
Palabras clave:
prehistoria, paleolítico medio, Homo floresiensis, Isla de Flores, Indonesia, morfología, caracterización, Homo Erectus, Homo habilis, gente
Bibliografía científica, publicación original
Journal of Human Evolution

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El descubrimiento en 2003 de los primeros restos de Homo floresiensis, un homínido hasta entonces desconocido, y caracterizado por su escasa estatura (de ahí el apodo del Hobbit), tuvo grandes resonancias más allá del ámbito científico, especialmente porque las investigaciones iniciales le atribuyeron una muy escasa antigüedad.
Posteriormente, nuevos trabajos arqueológicos en la cueva de Liang Bua (Isla de Flores, Indonesia) permitieron una mejor caracterización de la especie y una más precisa atribución cronológica de los restos, que rondan los 54.000 años de antigüedad.
Dado que en Java, próxima geográficamente a Isla de Flores, se habían encontrado restos de Homo erectus en distintos yacimientos arqueológicos, en un principio se consideró que Homo floresiensis habría evolucionado a partir de erectus. Dada su escasa estatura, inicialmente se consideró a H. floresiensis una especie de involución desde homínidos con características más evolucionadas, a lo que contribuyó también la errónea atribución cronológica inicial.
Ahora se ha publicado el más profundo estudio hasta la fecha de las características físicas de Homo floresiensis con el fin de tratar de deducir a partir de ellas su posición en el árbol evolutivo humano. El trabajo se ha basado en el análisis de 133 puntos de referencia de la anatomía de H. floresiensis, ubicados en cráneo, mandíbulas, dientes, brazos, piernas y hombros. Los resultados han manifestado en primer lugar que una evolución a partir de Homo erectus resulta especialmente complicada de explicar. Los científicos resaltan que es una teoría que no encaja.
“Ninguno de esos puntos apoyaba la teoría de que Homo floresiensis evolucionara a partir de Homo erectus”, afirma Debbie Argue, directora del estudio y miembro de la Escuela de Arqueología y Antropología de la Australian National University. Homo floresiensis parece ocupar una posición mucho más antigua en la evolución humana que Homo erectus, y sus características morfológicas parecen relacionadas en mucho mayor grado con Homo habilis, que vivía en África hace 1,75 millones de años. Puede que Homo habilis saliera de África y evolucionase hacia Homo floresiensis en algún punto del viaje, o puede que H. floresiensis apareciese en África en un momento muy temprano de nuestra evolución. Lo que parece bastante claro a partir de este estudio es que esta especie tiene un origen mucho más antiguo que Homo erectus.

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Cómo aprendían los neandertales a romper huesos
by LB Paleorama - 0


Un estudio sugiere patrones de aprendizaje en la forma de romper los huesos para obtener nutrientes

Muchas veces, una nueva vía de aproximación a un viejo problema supone un importante avance en la investigación. En busca de la forma en que los neandertales aprendían y transmitían su conocimiento, una investigación liderada por el Muséum national d'histoire naturelle de París ha dejado de centrarse en cómo fabricaban sus herramientas para estudiar los patrones de rotura de los huesos de fauna para obtener el valioso tuétano. Acabamos de conocer los resultados de este tipo de enfoque al estudiar un nivel de uso de Abri du Maras (Francia), en una investigación en la que ha participado Ruth Blasco del CENIEH.

Fecha de Publicación
21 de abril de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
DicytCENIEH
Fuente de las imágenes
CENIEH
Palabras clave:
prehistoria, paleolítico medio, pleistoceno, neandertales, aprendizaje, patrones de rotura, tuétano, fauna, Abri du Maras, Francia, tafonomía, ciencia
Bibliografía científica, publicación original
Journal of Archaeological Science: Reports

Los patrones de aprendizaje y procesos de transmisión del conocimiento en nuestros antepasados se han tratado de analizar habitualmente a través del estudio de las herramientas de piedra y sus procesos de producción. Por eso resulta novedoso el estudio a partir de los restos de fauna fracturados para la extracción del tuétano, un importante nutriente para los grupos paleolíticos.
Desde el Muséum national d'histoire naturelle de París se ha llevado a cabo una investigación sobre los restos de fauna procedentes del yacimiento de Abri du Maras, situado al sureste de Francia. Concretamente, se han analizado los materiales procedentes del nivel 4.1, de unos 50.000 años de antigüedad, que pueden proporcionar importantes datos sobre el comportamiento de los grupos neandertales de la época.
La investigación, en la que ha participado la investigadora del CENIEH Ruth Blasco, busca patrones entre el modo de romper los huesos de animales para obtener tuétano, además de realizar un completo estudio tafonómico de la fauna encontrada en el yacimiento.
La investigadora lo explica así: "La localización de los impactos de percusión sobre determinadas zonas de los huesos podría indicarnos actividades repetitivas como resultado de actividades estandarizadas, y es precisamente esta estandarización la que podría ayudarnos a explorar procesos más complejos vinculados a la trasmisión de información y aprendizaje".
La formación del nivel 4.1 de Abri du Maras es especialmente compleja, parece que se solapan en él actividades de distintos grupos de población que realizan sus actividades de carnicería y despiece de animales, por lo que decimos que tiene carácter de palimpsesto, al mezclares distintos eventos y procesos.
Aparentemente, esta es la razón por la cual, en este yacimiento concreto, no ha sido posible identificar una alta estandarización de los procesos de rotura, aunque este enfoque profundiza en una importante vía de aproximación a las pautas de comportamiento de estos grupos, lo que resulta especialmente interesante en el caso de los neandertales, con los que estos estudios pueden lograr romper con los abundantes apriorismos aplicados a la especie.
El trabajo es continuador de un estudio anterior publicado en Plos One en el año 2013, bajo el título "Learning by heart: Cultural Patterns in the Faunal Processing Sequence during the Middle Pleistocene".

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viernes, 21 de abril de 2017

Así se llamaban los habitantes de la antigua Tiermes
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La revisión de cerámicas con grafitos del yacimiento soriano ha revelado interesante información sobre los nombres de sus habitantes

A veces parece que se nos olvida un poco que los grandes asentamientos de la antigüedad estaban ocupados por personas, que desarrollaban en ellos su vida cotidiana. En el caso de la ciudad de Tiermes (Soria), la revisión de los grafitos realizados sobre cerámicas por sus habitantes y el estudio de los nombres que aparecen en ellos nos acerca un poco más a esa vida cotidiana que bullía en la ciudad hace 2.000 años.

Fecha de Publicación
21 de abril de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
La InformaciónEuropa Press20 Minutos
Fuente de las imágenes
Europa PressRevista Oppidum
Palabras clave:
mundo grecorromano, romanos, Tiermes, Montejo de Tiermes, Soria, Castilla y León, España, grafitos, sellos, onomástica, cerámica, TSH, gente
Bibliografía científica, publicación original Revista Oppidum

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Las gentes que poblaban el antiguo asentamiento de Tiermes, situado en el término municipal de Montejo de Tiermes (Soria) tenían tanto origen romano como local. Esta procedencia mixta, celtíbera y romana, se puede comprobar claramente en los nombres propios que utilizaban, y que ellos mismos grababan en sus recipientes cerámicos de uso cotidiano. Son lo que denominamos grafitos.
La revista Oppidum recoge un trabajo de investigación desarrollado por Pablo Arribas y Cesáreo Pérez, arqueólogos, que han revisado y sistematizado todos los ejemplos de grafitos procedentes de distintas iintervenciones arqueológicas realizadas en el yacimiento desde comienzos del siglo XX.
Se han reunido un total de 168 grafitos, entre los que aparecen nombres como Primus, Rufus, Sextus, Antonia o Lanuaria, de caracter claramente hispanorromano, y otros indiscutiblemente celtíberos como Elaesus, Indebilis, Surus o Talaus.
Arribas y Pérez señalan que esta parcela ha sido poco estudiada de manera específica, lo cual choca con la importante información proporcionada para comprender la composición de estas poblaciones y su estructura y relaciones sociales en el día a día. La abundancia de grafitos en el caso de Tiermes, convierte a este yacimiento en un referente dentro de las ciudades indígenas-romanas de la meseta, ya que posee uno de los mayores conjuntos singularizados de grafitos.
Los grafitos identificados se dividen en dos grandes grupos. Por un lado los epigráficos (el 65%), que reflejan en su mayoría el nombre de los propietarios de las piezas, ya sea de forma completa o abreviada. Y por otro los anepigráficos, que consisten en elementos figurativos o geométricos, como aspas, cruces o dibujos de árboles. Ambos tipos parecen relacionarse con un deseo de expresar la propiedad sobre el objeto. Normalmente relacionamos los anepigráficos con personas analfabetas.
También se han identificado diferentes sellos o marcas de alfarero, que a diferencia de los grafitos, grabados sobre la pieza ya cocida, se realizaban en fresco antes de la cocción, y a veces incluso se entremezclan con la decoración de las cerámicas.
El amplio uso de abreviaturas y siglas en los grafitos epigráficos supone una dificultad añadida para identificar los nombres de las personas que los realizaron. Aún así se han podido identificar nombres de origen arévaco como Retugenus, Rufinus, Medugenus o Carvicius.
Los distintos nombres permiten deducir la posición social de sus propietarios. Podemos saber si eran ciudadanos romanos, militares, personas libres o esclavas. El modelo social de época romana era muy desigual y estratificado, formado por distintos grupos claramente diferenciados y una reducida clase acomodada.
Las evidencias encontradas en Tiermes muestran el uso de los grafitos por parte de una "amplia base popular, fundamentalmente hispanolatina", y nos dan pistas sobre la integración cultural de sus habitantes entre el siglo I a.C. y el siglo V d.C.

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jueves, 20 de abril de 2017

El deshielo revela 7.000 años de pastoreo en los Alpes
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Los hallazgos prehistóricos en el paso de Schnidejoch han sido cruciales para las conclusiones de este estudio de la Universidad de Berna (Suiza)

El actual deshielo en el paso de Schnidejoch (Suiza), que conecta el Bajo Valais con el Oberland de Berna, ha permitido realizar un estudio conjunto de arqueología y paleoecología que revela el pastoreo de ganado en la zona hace unos 7.000 años, coincidiendo con el periodo denominado Óptimo Climático del Holoceno, durante el cual los glaciares retrocedieron significativamente. Se trata de las evidencias más antiguas de pastoreo en tierras tan altas de los Alpes, ya que el paso se encuentra a 2.756 metros de altitud. Entre los materiales arqueológicos recuperados destacan unos anillos hechos con ramitas entrelazadas, que servían para sujetar juntos los postes de cercados móviles para el ganado, y que se han estado utilizando en la zona al menos hasta después de la invención de la fotografía. ¡Los buenos diseños son eternos!

Fecha de Publicación
6 de abril de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Universidad de Berna (nota de prensa)Heritage Daily
Fuente de las imágenes
Universidad de Berna (nota de prensa)
Palabras clave:
prehistoria, neolítico, pastoreo, Alpes, Schnidejoch, Oberland, Berna, paleopaisaje, economía
Bibliografía científica, publicación original
Quaternary International

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Traducción: Laura Benito Díez.
Las poblaciones de la actual Suiza estaban en movimiento por los altos Alpes y explotando los pastos alpinos hace unos 7.000 años, por lo tanto mucho antes de lo que se creía con anterioridad. Un estudio desarrollado por la Universidad de Berna que combina el conocimiento arqueológico con hallazgos paleoecológicos llega a esta conclusión. Los hallazgos prehistóricos procedentes del paso de Schnidejoch han jugado un papel crucial en el estudio.
¿Realmente los pastores conducían a sus rebaños desde el Bajo Valais hasta el Oberland de Berna y los apacentaban allí en torno al 5.000 a.C.? Muchos factores indican que esta teoría, que habría sido rechazada por especulativa hasta hace muy poco, refleja más bien la realidad. "Tenemos fuertes evidencias que argumentan que la gente estaba moviéndose por las montañas con sus animales mucho antes de lo asumido previamente", dice Albert Hafner, profesor de Arqueología Prehistórica en la Universidad de Berna.
Albert Hafner y Christoph Schwörer, científico ambientólogo y especialista en historia de la vegetación en el Instituto de Ciencias de las Plantas en la Universidad de Berna, han logrado reunir la cadena de evidencias que apoya esta teoría en un artículo publicado en Quaternary International. Ambos científicos son miembros del Centro Oeschger para la Investigación del Cambio Climático de la Universidad de Berna. "La combinación de las dos aproximaciones", explica Albert Hafner, "nos ha permitido recoger mejores datos y también interpretarlos con una nueva perspectiva. Ni la arqueología ni la paleoecología habrían logrado estos hallazgos por separado".
Según el estudio, así es como deberíamos imaginar las primeras actividades ganaderas entre Valais y el Oberland de Berna: la región en torno a la actual ciudad de Sión (en alemán Sitten) estaba poblada por gentes que araban la tierra y pastoreaban ganado en torno al 5.000 a.C. Tenían rebaños de ovejas y cabras, entre otros. Sin embargo, las pronunciadas y secas laderas en el Bajo Valais no producían mucho alimento, y esa es la razón por la que los pastores se embarcaban en una marcha de dos días hasta el Oberland de Berna, donde encontraban buenos pastos bajo el paso de Schnidejoch, a 2.756 metros sobre el nivel del mar. Este pastoreo nómada solo fue posible por la drástica retirada de los glaciares durante el Óptimo Climático del Holoceno. El Schnidejoch permaneció libre de hielo durante varios siglos.

Análisis de sedimentos y hallazgos prehistóricos
Ambos investigadores apoyan su teoría por un lado en hallazgos prehistóricos procedentes del Schnidejoch, y por otro lado en el análisis del núcleo de sedimentos procedentes del lago Iffig (Iffigensee) a unos pocos kilómetros de distancia.
Un campo en el que se ha fundido el hielo en el paso de Schnidejoch ha dejado al descubierto varios cientos de objetos arqueológicos desde 2003. Entre ellos se incluyen restos de contenedores hechos de madera, que fueron muy probablemente utilizados para transportar comida. Los pastores de Valais probablemente transportaban provisiones en ellos para consumir durante el tiempo que pasaban con sus animales en el lado del paso más cercano a Berna. Las evidencias del pastoreo alpino temprano también proceden de anillos hechos de ramitas trenzadas que se usaban para mantener unidos los postes de vallas móviles. Estos anillos se originaron a comienzos de la Edad del Bronce (2.100 a.C.). Lo que resulta especialmente interesante es que una tradición de esta fase del pastoreo prehistórico alpino en el Oberland de Berna se ha conservado durante miles de años: un grupo de pastores aparece en una foto histórica de la región de Thun construyendo un cercado móvil usando estos anillos hechos con ramitas entrelazadas, probablemente usando el mismo método que sus ancestros de Valais aplicaban hacia el 5.000 a.C. "Esta es obviamente una técnica estremadamente simple y conveniente que pudo durar largo tiempo en las comunidades tradicionales", dice Albert Hafner.
Fuertes evidencias de un pastoreo realmente temprano en el área de Schnidejoch han sido proporcionadas también por la reconstrucción de la historia vegetal de la región. Christoph Schwörer ha analizado la composición de los depósitos de sedimento procedentes del lago Iffig para este proyecto. El polen ha resultado de particular interés en el proceso. De la composición de este polen se puede deducir qué especies vegetales estaban especialmente extendidas en una ubicación específica en el pasado. Por ejemplo, las ortigas, entre otras especies, estaban presentes en la época posterior a 5.000 a.C. Estas plantas que adoran los nutrientes aparecen con frecuencia en lugares donde se cercaba el ganado durante la noche. Esporas procedentes de Sporormiella, un hongo que se desarrolla extremadamente bien en los excrementos de ganado también han sido halladas en el sedimento. Cuando los glaciares avanzaron de nuevo durante una fase climática más fría un milenio después de que se depositasen los hallazgos más antiguos de Schnidejoch, la ruta del paso volvió a ser infranqueable. Tampoco hay evidencias de los pastores de Valais y su ganado en los sedimentos del lago a partir de ese momento.

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Datan las primeras comunidades agrícolas de los Pirineos
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Tras 30 años del descubrimiento de la necrópolis de la Feixa del Moro al fin ha sido posible su datación por radiocarbono

Esto es un ejemplo de lo que podríamos llamar arqueología de la arqueología, porque queda mucho por investigar incluso de entre los yacimientos que ya se conocen. Así ha sucedido con la necrópolis neolítica de la Feixa del Moro, en Andorra, muy cerquita de la frontera con España. Fue descubierta en la década de 1980, y ahora, 30 años después, ha sido posible volver sobre los restos hallados para poder conocer a estas primeras comunidades neolíticas de alta montaña, sus costumbres, su dieta o sus relaciones comerciales de larga distancia, además de poder datar sus restos de manera fiable.

Fecha de Publicación
18 de abril de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Centro Nacional de AceleradoresNCYT
Fuente de las imágenes
Centro Nacional de Aceleradores
Palabras clave:
prehsitoria, neolítico, Feixa del Moro, Juberri, Andorra, necrópolis, cistas, radiocarbono, ajuares, comercio, gente
Bibliografía científica, publicación original
Comptes Rendus Palevol

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El pueblo de Juberri, en Andorra, situado a 1335 metros de altitud, alberga la necrópolis de la Feixa del Moro. Este yacimiento arqueológico fue localizado en los años 80 del siglo XX, y resulta especialmente llamativo por su localización en alta montaña. Se encuentra al sur del Principado, en una zona muy próxima a la actual frontera española.
Tras su hallazgo y excavación, la obtención de muestras para su análisis y datación se llevó a cabo de manera un tanto dudosa, por lo que se ha llevado a cabo un nuevo estudio sobre los restos, con la participación del Centro Nacional de Aceleradores, con el fin de poder atribuir a la necrópolis una datación absoluta precisa y correcta. Lo que sí permitieron las primeras investigaciones fue adscribir el yacimiento al periodo neolítico.
Para la franja cronológica en la que se sitúa la Feixa del Moro, se conocen enterramientos en fosa y en cista. En este caso se localizaron tres cistas, dos de ellas con restos arqueológicos y una tercera saqueada por furtivos.
En el momento del hallazgo resultaron muy relevantes los elementos de ajuar identificados en el interior de las cistas, ya que evidencian contactos comerciales de larga distancia, con territorios como la costa mediteránea cercana a Barcelona, áreas del sur de Francia o enclaves alpinos que distan cientos de kilómetros del yacimiento.
La revisión de los datos obtenidos inicialmente y los nuevos análisis practicados han proporcionado un conocimiento mucho más profundo de estas comunidades alpinas neolíticas. Ahora sabemos cómo era su dieta, de qué forma enterraban a sus muertos, para qué usaron las herramientas de piedra y hueso depositadas junto a ellos, o cómo elaboraron sus adornos y de dónde procedían las materias primas.
Las dataciones absolutas de los restos humanos sitúan los enterramientos entre 4500 y 3956 a.C. Entre ellos hubo un muy corto intervalo de tiempo, y posteriormente las tumbas no volvieron a utilizarse.
Además del propio valor de los datos obtenidos, la revisión de materiales permite ahora comparar este contexto arqueológico con otros yacimientos funerarios que se van conociendo en el noreste de la península Ibérica.

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miércoles, 19 de abril de 2017

Cástulo también tenía circo, lo muestra el LiDAR
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La noticia se ha dado a conocer coincidiendo con el Día Internacional de los Monumentos y Sitios

Cástulo y el uso de la tecnología LiDAR en su entorno siguen revelando sorpresas. Tras la localización hace algunos meses de lo que a todas luces parece un anfiteatro al exterior de la ciudad, ayer se presentaban en Linares en una conferencia los datos que inducen a pensar que el asentamiento también contaba con un circo, situado al norte de la ciudad, y con una longitud de unos 400 metros. Su ubicación en terrenos privados hace que por ahora no sea posible la investigación arqueológica, aunque sí podrían realizarse investigaciones con georradar que muestren nuevos detalles de la construcción.

Fecha de Publicación
18 de abril de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Info LinaresEs AndalucíaIdeal
Fuente de las imágenes
Info Linares
Palabras clave:
mundo grecorromano, romanos, Cástulo, Jaén, Andalucía, España, circo, LiDAR, ciencia
Bibliografía científica, publicación original


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En el marco de la celebración del Día Internacional de los Monumentos y Sitios, el 18 de abril, la provincia de Jaén ha llevado a cabo diferentes iniciativas para potenciar su rico patrimonio cultural y fomentar su disfrute a través de un turismo sotenible.
Actividades didácticas y conciertos tuvieron lugar en distintos enclaves, mientras que en Linares se celebraba una interesante conferencia que daba a conocer cómo la aplicación de la tecnología LiDAR en el entorno del yacimiento de Cástulo ha revelado la posible ubicación de un circo de época romana.
Este hallazgo se suma a la localización de la posible ubicación del anfiteatro de Cástulo, ubicado también extramuros, y dado a conocer hace pocos meses.
Los hallazgos se han beneficiado de la publicación el pasado año de los datos de LiDAR para Andalucía por parte del Instituto Geográfico Nacional.
La estructura se localizaría a unos seiscientos metros al norte de la ciudad, y tendría unos 400 metros de largo por 100 metros de ancho.
El procesado de la información proporcionada por la tecnología LiDAR (Light Detection And Ranging) ha permitido también comprobar las evidencias de un acueducto que ya se conocían, y observar otras estructuras en el interior del recinto amurallado. En el castillo musulmán de Santa Eufemia, situado dentro del yacimiento, se ha documentado la existencia de un recinto interno cuadrangular.

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Figurilla femenina de 23.000 años hallada en Bryansk (Rusia)
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Está realizada sobre una defensa de mamut y fue depositada en el suelo junto a restos de estos animales

Las formas más antiguas de lo que consideramos arte nos fascinan porque nos acercan a nuestros ancestros a través de los miles de años que nos separan de ellos. Por ahora no podemos saber con qué fin o significado se tallaban estas figurillas femeninas durante el Paleolítico superior, pero un nuevo hallazgo en el oeste de Rusia constituye una nueva oportunidad de asomarnos a ese pasado y saber algo más de estas sociedades de cazadores-recolectores.

Fecha de Publicación
17 de abril de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Siberian Times
Fuente de las imágenes
Siberian Times
Palabras clave:
prehistoria, paleolítico superior, arte mueble, figura, marfil, mamut, "venus", Khotylyovo-2, Bryansk, Rusia, moda
Bibliografía científica, publicación original


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Traducción: Laura Benito Díez.
El yacimiento de Khotylyovo-2, en la región de Bryansk, al oeste de Rusia, lleva en proceso de estudio desde 1993, proporcionando interesantes datos sobre los grupos de cazadores-recolectores de la zona hace entre 24.000 y 21.000 años.
Sus niveles de ocupación han sido datados mediante análisis de radiocarbono, permitiendo establecer una cronología absoluta fiable. En ellos se han recuperado numerosos restos de mamuts y bisontes, y abundantes ejemplos de herramientas de piedra, principalmente de sílex.
La sorpresa ha venido de la mano de la aparición de un pequeño objeto de arte mueble, una figurilla femenina de unos 23.000 años de antigüedad, tallada sobre una defensa de mamut, y depositada sobre el antiguo suelo entre restos de mamuts a su vez.
La figurilla es de muy reducidas dimensiones, unos 5 centímetros de altura. Representa a una mujer con grandes pechos y grandes nalgas. Su cabeza, a simple vista, no parece reflejar detalles. Sus estilizadas piernas le dan un aspecto delicado.
El doctor Konstantin Gavrilov, subdirector del Departamento de Prehistoria del Instituto de Arqueología de Moscú, y director de la expedición que halló la figurita, la compara con la representación de Rembrandt de Danae. "Esta estatuilla representa a una mujer bastante rolliza, pero tiene un aspecto fantásticamente delicado, probablemente debido a sus largas y finas piernas", resalta el científico.
Gavrilov considera que puede recordar a algún tipo de "culto a la fertilidad", aunque en su opinión esto no sería posible debido a que es anterior a la aparición de la agricultura. Esta interpretación resulta chocante, ya que puede representar a la fertilidad humana directamente, o representar otro tipo de aspectos humanos y sociales de estos cazadore-recolectores. La interpretación de estas figurillas como "venus" ha sido cuestionada en distintos estudios científicos.
Parte del busto y del vientre se han perdido al abrirse una grieta de forma natural en el marfil. La figurilla fue hallada cerca de grandes capas de caliza y fragmentos de huesos de mamut pintados con un pigmento mineral de tonalidad marrón.
"Probablemente, la estatuilla fue depositada junto a los huesos en el suelo en lugar de ser enterrada como otras venus".

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martes, 18 de abril de 2017

Puntas Clovis con tecnología anti rotura
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Estudian cómo una técnica de talla mejora la resistencia a los impactos de algunas puntas creadas por este pueblo

La cultura de Clovis tiene el especial atractivo de ser la primera cultura conocida de América del Norte, por lo que su cultura material es analizada al milímetro en busca de pistas sobre estos primeros pobladores. Además, sus útiles de piedra son piezas muy vistosas, con cuidados acabados. Un reciente estudio publicado en Journal of Archaeological Science se ha centrado en analizar un tipo de puntas con un adelgazamiento en su base, que se consideraba meramente estético, pero que se ha revelado como una característica fundamental para absorber los impactos, convirtiendo a estas puntas en unos objetos especialmente resistentes a los golpes. Esta característica, desarrollada durante su avance por Norteamérica, podría haber constituido una ventaja importante en su avance por el territorio.

Fecha de Publicación
5 de abril de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Europa PressKent State University (Ohio)
Fuente de las imágenes
Europa Press
Palabras clave:
arqueología americana, paleoindio, Clovis, industria lítica, rotura, tecnología, economía
Bibliografía científica, publicación original
Journal of Archaeological Science

La cultura de Clovis se considera la primera cultura americana, y durante muchos años se ha considerado que su llegada es la única vía de entrada de población humana al continente americano, aunque dataciones muy tempranas de hallazgos en Chile o Brasil pongan en entredicho esta interpretación.
En cualquier caso, se trata de la cultura más antigua que se conoce en América del Norte, y sus puntas de proyectil generan gran interés por su desarrollo y por la belleza de sus acabados.
Entre algunas de las puntas se ha identificado lo que los expertos llaman una acanaladura, esto es, una muesca que genera un adelgazamiento en la base de las puntas, que afecta a la zona de enmangado de estas piezas. Esta característica se interpretó originalmente como algo más visual y decorativo que funcional, ya que a menor grosor de la pieza en su base se le asociaba en opinión de los investigadores una mayor fragilidad.
Nada más lejos de la realidad, tal y como ha revelado un estudio publicado en Journal of Archaeological Science. Esta investigación se ha centrado en comprobar la resistencia al impacto de estas piezas con acanaladura. La sorpresa para los investigadores ha sido comprobar que el adelgazamiento de la base de estas puntas permite una mejor absorción de los golpes, ofreciendo a la larga una mayor resistencia a la rotura. Por lo tanto, las piezas fabricadas con esta características ofrecerían una mayor durabilidad a sus dueños.
El estudio también ha permitido comprobar que, como contrapartida, la creación de la acanaladura en la base de estas piezas genera un mayor riesgo de rotura durante el proceso de talla. Aún así, las ventajas posteriores de uso llevaron a estos cazadores-recolectores a utilizar esta técnica de forma frecuente.
Tras alcanzar estos resultados, el equipo de la Universidad Estatal de Kent (Ohio) plantea que estas puntas anti rotura podrían haber contribuido a la expansión de las poblaciones por el continente americano, al tener piezas más resistentes y depender en menor medida de la localización de afloramientos rocosos adecuados para la talla de herramientas, aunque este punto es actualmente una hipótesis de trabajo.

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lunes, 17 de abril de 2017

Escalinata monumental de época tartésica hallada en Turuñuelo
by JMI Paleorama - 0


En el yacimiento de Turuñuelo de Guareña (Badajoz) se investiga, hasta la fecha, el mayor y mejor conservado edificio de época tartésica

En el yacimiento de Turuñuelo de Guareña (Badajoz) se excava un enorme edificio de hace 2.500 años de época tartésica. Entre las novedades se encuentra el descubrimiento de una escalinata monumental de dos metros y medio de altura que nos habla de una insólita edificación de dos plantas del siglo V antes de Cristo, la primera que se conserva de aquella época. Además, los investigadores apuntan a su excepcionalidad al estar construida con unas técnicas y materiales que se pensaba, no se habían utilizado en todo el Mediterráneo occidental, hasta mucho tiempo después.

Fecha de Publicación
17 de abril de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
El País
Fuente de las imágenes
El País
Palabras clave:
prehistoria, II edad del hierro, Tartessos, Turuñuelo, construcción, vivienda

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La mitad de los escalones están hechos con sillares, es decir, al igual que se construye un muro con ladrillos. Esos sillares estaban realizados como los bloques de hormigón pero más rudimentarios, utilizaron un tipo de mortero de cal y granito machacado, probablemente encofrado después (la mezcla se colocaba a fraguar entre tablas hasta que se secara). Algo así como un protocemento, solo que un siglo antes de que apareciera el primer material de este tipo documentado hasta ahora: el opus caementicium del Imperio Romano.
El yacimiento del Turuñuelo de Guareña, cuya excavación arrancó en 2015, ya había sorprendido a los investigadores por su tamaño (es el más grande localizado de aquella época, en torno a una hectárea), la riqueza de materiales encontrados y su extraordinario estado de conservación. Todo tipo de joyas, puntas de lanza, recipientes, semillas, restos de tejidos, parrillas de bronce o calderos enormes prometían desde el principio arrojar nueva luz sobre la cultura de Tartesos. Una civilización prerromana que ocupó el suroeste de la Península Ibérica en el I milenio a.C. sobre la que se ha levantado todo tipo de mitos y leyendas (sobre todo, en torno a su misteriosa decadencia y su abrupto final), debido, entre otras cosas, a la escasez de restos materiales. Una escasez que la excavación dirigida por los arqueólogos del CSIC Sebastián Celestino —que también es director del Instituto de Arqueología de Mérida— y Esther Rodríguez está compensando a marchas forzadas, y eso que apenas se ha desenterrado hasta el momento el 10% de la construcción.
“Una escalinata constituye un elemento arquitectónico único de algo, además, que no pensábamos que fueran capaces de ejecutar. Existen escaleras durante la protohistoria en la Península, pero ya en época posterior. De esta cronología como máximo había dos o tres escalones de piedras y adobe para salvar un desnivel”, explica Rodríguez. En este caso, son 10 escalones (al menos; todavía puede haber alguno más) de 2 metros de largo, 40 centímetros de anchura y 22 de altura. Los cinco superiores están cubiertos por lajas de pizarra y los inferiores son los que están hechos a modo de sillares cuadrangulares con mortero de granito machacado envuelto en cal.
“Lo más sorprendente ha sido su profundidad. Dos metros y medio significa que debajo hay otra planta, que estamos accediendo a una planta superior sobre-elevada”, completa Celestino. Se había especulado sobre la existencia de este tipo de edificaciones en época tartésica, a partir de textos de la Biblia, pero nunca se había encontrado ninguno. “Este edificio será el primero que conserva las dos plantas”, insiste.
A un lado de la asombrosa escalinata, han aparecido los cuerpos de dos caballos sacrificados, perfectamente colocados en posición anatómica, con todo su herraje puesto, lo que apunta sin duda a un sacrificio ritual, pues estos animales, símbolo del lujo, no solían comerse en aquella época. Al otro lado, sin embargo, han hallado restos de una vaca que los moradores del lugar sí llegaron a consumir en una especie de festín. Los investigadores del CSIC, de hecho, cada vez ven más claro que a finales del siglo V a.C. se produjo allí una gran celebración justo antes de la destrucción del edificio.
La mayor parte de las construcciones de aquella época localizadas en el Valle medio del Guadiana –una zona que recibió grandes oleadas de inmigración desde en núcleo central de Tartesos, en el Guadalquivir y Huelva, tras una profunda crisis económica en el siglo VI— fue destruida por sus propios moradores hacia finales del siglo V, o principios del IV. Prefirieron echarlas abajo antes de verlas saqueadas por los pueblos del norte que estaban a punto de llegar.
La del Turuñuelo de Guareña también fue incendiada y después sepultada bajo arcillas sacadas del río Guadiana. Pero su formidable estructura, que incluye muros de varios metros de grosor, hizo que se mantuviera en pie pese a todo.
Ahora, el trabajo de Celestino y Rodríguez —que cuenta con el apoyo de la Secretaría General de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Junta de Extremadura y el Ayuntamiento de Guareña, y con la financiación de la Diputación Provincial de Badajoz— será seguir excavando este gigantesco edificio. La próxima campaña será en mayo y, entre sorpresa y sorpresa, intentarán vislumbrar cómo fue aquella celebración de despedida y descubrir con ello qué tipo de edificio fue el del Turuñuelo de Guareña.
La dificultad añadida es que se trata de algo completamente nuevo, muy distinto de las otras construcciones tartésicas halladas en la zona, como el santuario de Cancho Roano, en Zalamea de la Serena; o La Mata (en Campanario), con un perfil más económico. Tiene características de palacio, pero también de gran monumento funerario. “La planta de arriba, con varios altares, tiene una función ritual clarísima, pero la religión entonces estaba mezclada con todo. A partir de ahí, hay elementos que hacen pensar en el enterramiento, como el hecho de que no tenga suelos construidos a pesar de la riqueza de todo lo demás. Sin embargo, el hecho de que tenga dos plantas apunta hacia otro lado”, explica Celestino. Las respuestas irán llegando, casi con toda seguridad, a medida que la excavación vaya sacando a la luz ese otro 90% del edificio que todavía permanece enterrado entre los campos de tomates de las Vegas del Guadiana.

EL TROZO DE LANA MÁS ANTIGUO DE LA PENÍNSULA
Cuando sus pobladores quemaron el edificio del Turuñuelo de Guareña a finales del siglo V antes de Cristo, las cenizas, junto a la arcilla que utilizaron para sepultarlo después, crearon una especie de urna protectora. Esta ha mantenido en un estado de conservación magnífico gran parte de los objetos que llevan 25 siglos atrapados en su interior, desde los marcos de las puertas hasta distintos tipos de tejido.
De hecho, los investigadores han hallado fragmentos de lana (el más antiguo encontrado en la Península Ibérica) y de lino, además de varios saquitos de esparto que contenían cereales. Todos ellos los están analizando especialistas de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) dentro de un proyecto llamado Procon, que investiga la producción y uso de productos textiles en la Europa Mediterránea.
En el Laboratorio de Restauración de la Universidad Autónoma de Madrid (Secyr) se están restaurando otros importantes objetos recogidos durante a excavación, entre otros, metales como un juego de siete ponderales (piezas de medida de peso) de bronce o tres ricos ungüentarios fenicios de pasta vítrea.
Todo ello se suma a otros sorprendentes objetos hallados hasta el momento, como vasijas y platos que los lugareños construían imitando utensilios griegos o etruscos llegados a través del comercio fenicio, o una rarísima bañera de 1,70 metros de largo, posiblemente del mismo mortero utilizado en la escalinata, pero mucho más refinado.

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lunes, 10 de abril de 2017

Así se rellenaban las caries hace 13.000 años
by LB Paleorama - 0


Betún o alquitrán, fibras vegetales y probablemente pelo, entre los materiales documentados

El yacimiento de Riparo Fredian, cerca de Lucca, al norte de Italia, ha proporcionado uno de esos hallazgos insólitos e infrecuentes que nos hacen ver la Prehistoria como un mundo mucho más moderno y sofisticado que lo que solemos imaginar. Dos incisivos con evidencias de haber sido tratados en vida para retirar unas caries y a los que además se aplicó un relleno, a base de betún o alquitrán, fibras vegetales y algo de pelo. Esto ocurría hace nada menos que unos 13.000 años, lo que nos sigue quedando por descubrir.

Fecha de Publicación
8 de abril de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
AnthropologyNew Scientist
Fuente de las imágenes
AnthropologyNew Scientist
Palabras clave:
prehistoria, paleolítico superior, salud, medicina, odontología, caries, empaste, Riparo Fredian, Lucca, Italia
Bibliografía científica, publicación original
American Journal of Physical Anthropology

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Traducción: Laura Benito Díez.
Un par de incisivos de hace 13.000 años contienen una de las más antiguas evidencias de empastes, hechos pricipalmente de betún o alquitrán.
Los dientes, dos incisivos superiores centrales, pertenecían a una misma persona, y fueron hallados en el yacimiento de Riparo Fredian, cerca de Lucca, al norte de Italia.
Cada diente tiene un gran agujero en su superficie que se extiende hacia dentro en la cámara de la pulpa dental, en las profundidades del diente. "Es bastante inusual, no es algo que veas en dientes normales", afirma Stephano Benazzi, arqueólogo de la Universidad de Bolonia.
Benazzi y su equipo han empleado diferentes técnicas microscópicas para examinar de cerca el interior de los agujeros, y han encontrado una serie de pequeñas marcas horizontales en las paredes que sugieren que las cavidades fueron perforadas y agrandadas, probablemente con pequeñas herramientas de piedra.
Las marcas eran similares a las que Benazzi y sus colegas hallaron en dientes procedentes de otro yacimiento italiano, datado en 14.000 años de antigüedad, que fueron determinadas por ellos mismos como el más antiguo ejemplo de odontología en humanos.
Pero este nuevo hallazgo también presenta una innovación. Los agujeros contienen trazas de betún, con fibras de plantas y cabellos mezclados con él, lo que Benazzi cree que evidencia el uso de empastes en la Prehistoria.
Mientras que el propósito de las plantas y los cabellos se desconoce, parece que fueron añadidos a las cavidades al mismo tiempo que fueron perforadas, así que no se trataría de simples restos de alimentos consumidos posteriormente.
El o la dentista del Paleolítico habría abierto las cavidades y rellenado los agujeros con betún para reducir el dolor y mantener la comida fuera de la cavidad de la pulpa dental, como se hace en la odontología actual, en palabras de Benazzi.

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