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martes, 18 de febrero de 2020

Ollas de barro paleolíticas para sobrevivir a la glaciación
by LB Paleorama - 0

Reconstrucción de una vasija de la Cultura de Osipovka Culture vessel y fragmentos de cerámica encontrados en Gasya y Khummi. Foto: Vitaly Medvedev, Oksana Yanshina

Varios hallazgos en distintas zonas de Asia revelan distintos puntos de origen de las primeras cerámicas hace 16.000 años

¿Será que la cerámica no es un invento del Neolítico? Una investigación de la Universidad de York revela que las cerámicas más antiguas, de hasta 16.000 años de antigüedad, fueron creadas por distintos grupos culturales sin relación entre sí en distintos puntos de Asia. ¿La razón?, probablemente para poder obtener alimento con una mayor cantidad de nutrientes que les facilitase la supervivencia durante los milenios finales de la última glaciación. A orillas del río Amur (Siberia) el salmón era un plato muy habitual.

Fecha de Publicación
18 de febrero de 2020
Fuentes de información digital utilizadas
Siberian Times,  University of York (nota de prensa)
Fuente de las imágenes
Siberian Times
Palabras clave:
prehistoria, Paleolítico superior, cerámica, glaciación, Asia, Siberia, China, Japón, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
Quaternary Science Reviews

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  • Excavaciones del asentamiento de Gasya en 1980. Foto: Vitaly Medvedev
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  • Fragmentos de cerámica encontrados en el yacimiento de Khummi. Foto: Oksana Yanshina
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Sabido es que las condiciones adversas agudizan el ingenio, y probablemente los grupos humanos que habitaron Siberia hace 16.000 años, aún bajo los efectos de la última glaciación, no lo tuvieron muy fácil. En mitad de esas duras condiciones climáticas, las investigaciones arqueológicas nos muestran la aparición de un elemento revolucionario, las primeras ollas de barro para cocer alimentos al fuego.

¿Y qué cocinaban en estos recipientes? La Universidad de York ha dado a conocer recientemente un estudio en el que se han analizado los restos de lípidos presentes en fragmentos de estas ollas, recuperadas en el entorno del río Amur, entre el sureste de Rusia y el noreste de China.

Las vasijas incluidas en el estudio proceden de contratos arqueológicos datados de forma precisa en un periodo desde 16.200 hasta 10.200 años antes del presente (cal BP).

Interpretar cuál fue el uso de estas vasijas cerámicas ha sido una tarea difícil porque los suelos ácidos de la región convierten las reconstrucciones paleoeconómicas en un desafío.

Para enfrentarse a este vacío de conocimiento, el equipo de investigación llevó a cabo el análisis de residuos de lípidos de 28 fragmentos de ollas procedentes de los yacimientos de Khummi, Gasya y Goncharka 1, ubicados en el curso bajo del Amur, y del yacimiento de Gromatukha en el curso medio del río.

Los resultados de la investigación indican que la cerámica fue utilizada para procesar aceites acuáticos en los yacimientos del curso bajo del Amur. Este patrón de uso está en total consonancia con otros estudios sobre cerámicas tempranas desarrollados en Japón. La pesca, probablemente de salmones y peces de agua dulce, se estaba convirtiendo en una actividad cada vez más importante durante este periodo.

Por el contrario, el resultado de los análisis realizados sobre las cerámicas procedentes de yacimientos en el curso medio del Amur revelan una presencia significativa de lípidos procedentes de animales rumiantes, lo que está indicando que estos recipientes se utilizaban de distinta forma en distintas comunidades. Además de las diferencias de uso, el equipo ha podido constatar diferencias de fabricación, lo que indica un mayor grado de variabilidad en el desarrollo y el uso de las primeras cerámicas en Asia oriental,

En la nota de prensa publicada por la Universidad de York, el profesor Peter Jordan, autor principal del estudio y perteneciente al Arctic Centre and Groningen Institute of Archaeology de la Universidad de Groningen afirma que "las impresiones (del estudio) son particularmente interesantes porque sugieren que no hubo un único "punto de origen" para la cerámica más antigua del mundo. Estamos comenzando a comprender que muy diferentes tradiciones cerámicas estaban surgiendo hacia el mismo momento pero en diferentes lugares, y que las ollas se estaban usando para procesar muy diferentes conjuntos de recursos".

"Parece tratarse de un proceso de "innovación paralela" durante un periodo de gran incertidumbre climática, con comunidades separadas enfrentándose a amenazas comunes y alcanzando soluciones tecnológicas similares".

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miércoles, 6 de noviembre de 2019

La dieta de los primeros europeos
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Fragmentos de hueso con marcas de corte de hace 1,4 millones de años, yacimientos de Orce (Granada). Foto: Espigares et alii.

El yacimiento de Orce conserva las huellas de corte sobre hueso más antiguas de Europa (1,4 MA)

Los yacimientos de Orce (Baza, Granada) continúan revelándose como un enclave fundamental para entender a los primeros grupos humanos que habitaron Europa. La antigüedad de los restos de fauna y herramientas encontrados así lo respaldan. Ahora se publica un estudio en Nature sobre las numerosas huellas de corte identificadas en fragmentos óseos del yacimiento, que nos permite entender como era la dieta de estos homínidos hace más de un millón de años.

Fecha de Publicación
6 de noviembre de 2019
Fuentes de información digital utilizadas
Diario Sur,  Granada Hoy,  La Vanguardia
Fuente de las imágenes
Nature Scientific Reports
Palabras clave:
Prehistoria, Paleolítico inferior, Pleistoceno inferior, Orce, Granada, Andalucía, España, hueso, huellas de corte, alimentación, dieta, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
Nature Scientific Reports
Las investigaciones en Orce siguen avanzando campaña a campaña, en los distintos enclaves conocidos, y también en el laboratorio. Estos trabajos nos han permitido conocer cómo era el sur de la península hace un millón de años, qué animales lo habitaban, y vislumbrar la huella de los primeros homínidos en el continente europeo.

Un reciente estudio publicado en Nature se centra en el análisis de las huellas de corte y rotura identificadas en restos óseos de fauna recuperados en el conjunto de yacimientos de Orce. Para ello se han revisado unos 15.000 fragmentos de hueso fósil, entre los que se han localizado 227 ejemplares con evidencias de modificación intencional.

La investigación ha sido liderada por María Patrocinio Espigares, profesora del Departamento de Ecología y Geología de la Universidad de Málaga (UMA), en colaboración el Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) de Tarragona y el Museo de Historia Natural de Los Ángeles (California, EE UU).

¿Qué comían?

Los huesos incluidos en el estudio fueron recuperados en los yacimientos de Barranco León y Fuente Nueva-3. De todos ellos se deduce que en la dieta de estos grupos humanos se incluían tanto grandes mamíferos como animales de pequeño tamaño, entre los que hay evidencias de tortugas. De las especies más voluminosas se obtendría tanto carne como grasa y médula ósea, el preciado tuétano. Otras especies de pequeño tamaño consumidas son roedores, conejos o liebres y aves.

Espigares explica que las marcas identificadas fueron realizadas con herramientas de sílex y caliza, lo que avala que se trate de evidencias del aprovechamiento por parte de antiguos homínidos. En otros casos se han identificado mordeduras de hienas, roedores o puercoespines.

Los distintos tipos de marcas documentados (incisiones, aserrados, raspados, tajos) nos indican que los cuerpos de estos animales fueron despellejados, desarticulados, descarnados y eviscerados. Además, las marcas de fractura revelan la búsqueda del tuétano en su interior.

Probablemente la dieta de estos grupos se completase con pequeños mamíferos, anfibios, reptiles, huevos de aves y caracoles. De todo ello se han documentado ejemplos durante las excavaciones.

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martes, 25 de septiembre de 2018

La cerveza pudo impulsar la agricultura en Próximo Oriente
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Cueva de Raqefet, recogiendo muestras de residuo y marcas de uso que revelan evidencias de fabricación de cerveza de 13.000 años de antigüedad. Foto: Foto: Liu, Wang, Rosemberg, Zhao, Lengyel, Nadel. 2018

Los morteros de piedra de la cultura Natufiense guardan información crucial sobre las primeras bebidas alcohólicas documentadas

Una cultura fascinante la natufiense, articulada en torno a un momento de cambios trascendentales para lo que somos hoy como sociedades. Enclavada en la cuna de la agricultura, puede aportar muchas respuestas pero también plantear muchas preguntas. Mientras vamos discerniendo qué fue antes, si la agricultura o la sedentarización, desde la Universidad de Stanford creen haber encontrado evidencias para decir que la fabricación de cerveza pudo ser un motor importante para el desarrollo de la agricultura. ¿Por qué? Porque hace 13.000 años estas gentes ya fabricaban cerveza asociada a importantes rituales y banquetes en relación con su mundo funerario. Al menos así parecen indicarlo los hallazgos de la cueva de Raqefet (Monte Carmelo, Israel), donde los investigadores han encontrado evidencias de las distintas fases necesarias para la obtención de esta bebida.

Fecha de Publicación
12 de septiembre de 2018
Fuentes de información digital utilizadas
The Times of Israel,  Stanford University
Fuente de las imágenes
The Times of Israel,  Journal of Archaeological Science: Reports
Palabras clave:
prehistoria, natufiense, epipaleolítico, mesolítico, cueva de Raqefet, Monte Carmelo, Israel, Próximo Oriente, cereales, domesticación, cerveza, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
Journal of Archaeological Science: Reports

  • Dentro de la cueva de Raqefet, donde se han descubierto evidencias de fabricación de cerveza de 13.000 años de antigüedad. Foto: Dani Nadel, University of Haifa
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  • Arqueólogos excavando en la cueva de Raqefet, agosto de 2018. Foto: Dani Nadel, University of Haifa
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  • Ubicación del yacimiento y objetos analizados. Foto: Liu, Wang, Rosemberg, Zhao, Lengyel, Nadel. 2018
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  • La cueva de Raqefet y los contextos de excavación de los morteros de piedra estudiados. Foto: Liu, Wang, Rosemberg, Zhao, Lengyel, Nadel. 2018
Las bebidas fermentadas nos acompañan desde tiempos muy remotos. Se conocen innumerables variedades locales desde la prehistoria, aunque su origen concreto aún no ha podido ser rastreado. Duante mucho tiempo se ha considerado que su aparición estaba ligada a los comienzos de la agricultura, aunque algunas voces ya habían señalado que quizá el proceso fue en realidad a la inversa, y la búsqueda de plantas de las que obtener bebidas fermentadas espolease el cultivo. Una reciente investigación publicada en Journal of Archaeological Science: Reports revela que hace 13.000 años las gentes de la cultura natufiense de Próximo Oriente ya fabricaban cerveza, en un momento en que aún no se habían establecido de forma sedentaria. ¿Qué implicaciones tiene esta investigación?
Los estudios se han centrado en el análisis de dos morteros de piedra y una cazoleta excavada en la roca procedentes de la cueva de Raqefet (Monte Carmelo, Israel). Esta cueva tiene una muy amplia cronología de ocupación. En ella se ha identificado una necrópolis ocupada por unos 30 individuos entre los que algunos rituales funerarios señalan a la celebración ocasional de grandes banquetes. Así parecen indicarlo los huesos de animales recuperados.
Y entre los enterramientos, unos 100 elementos de roca madre, incluyendo cazoletas excavadas en el suelo y morteros de piedra, algunos de ellos directamente asociados con algunos enterramientos. Dos de estos morteros asociados con enterramientos, largos y profundos, y otro ancho con forma de cuenco, han sido los elementos analizados en el estudio recién publicado.
De su interior, se han recogido y examinado residuos microbotánicos, además de estudiar las huellas de uso. El estudio de estas evidencias se ha complementado con una parte experimental. Aunque existen múltiples variaciones de la fabricación de cerveza, hay tres fases imprescindibles: el malteado, la molienda y el fermentado. Para completar estos procesos resultan imprescindibles los cereales malteados, recipientes de almacenaje, herramientas para el procesado/molienda de plantas, y utensilios de cocina/fermentación. Para poder probar que los natufienses fabricaban cerveza, era crucial identificar trazas de fermentación de cereal y los restos materiales relacionados en el registro arqueológico.
El desarrollo experimental del estudio buscaba proporcionar referencias comparativas para los análisis de desgastes y de residuos. Para ello se procesaron diferentes materiales sobre objetos de piedra para analizar patrones de uso/desgaste, y se fabricó cerveza a partir de distintas especies de grano para observar los cambios morfológicos en los gránulos de almidón.
Las muestras analizadas revelaron la presencia de granos de cereal con alteraciones que reflejan cada una de las fases de la fabricación de la cerveza. Por tanto los hallazgos reflejarían la práctica en el yacimiento de todoel proceso de fabricación. En palabras de la profesora Li Liu, directora del equipo de investigación perteneciente a la Universidad de Stanford, "se trata del registro más antiguo de alcohol fabricado por seres humanos en todo el mundo".
"Este descubrimiento indica que la fabricación de alcohol no era necesariamente resultado de un excedente de producción agrícola, sino que fue desarrollada con fines rituales y para necesidades espirituales, al menos en algún grado, previamente a la agricultura", comenta Liu de sus descubrimientos.
El descubrimiento de la fabricación de cerveza entre los natufienses arroja nueva luz sobre sus rituales y demuestra el amplio rango de innovaciones tecnológicas y de organización social en esta cultura. Según los resultados de la investigación, la fabricación de cerveza era una parte fundamental de rituales y fiestas, un mecanismo de regulación social en las sociedades jerarquizadas. El hecho de encontrar estas evidencias asociadas a un lugar de enterramiento refleja los lazos emocionales que tenían estos cazadores-recolectores con sus ancestros.
Hace poco conocíamos también las evidencias más antiguas de la fabricación de pan, datadas hace entre 11.600 y 14.600 años de antigüedad. Las evidencias de fabricación de cerveza de cueva Raqefet están datadas hace entre 11.700 y 13.700 años.

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jueves, 19 de abril de 2018

Los insectos pudieron constituir la mitad de la dieta de nuestros primeros ancestros
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Sedimento de un termitero documentado en la Garganta de Olduvai, Tanzania. Foto: Heriot Watt University.

Un estudio basado en sedimentos localizados en la Garganta de Olduvai parece indicar que hace 1,8 millones de años comíamos insectos en abundancia

Raíces, frutos, brotes tiernos, tubérculos.... y suculentos insectos. La dieta de los primeros homínidos debió estar compuesta en un alto porcentaje, se estima que un 50%, por insectos, por ejemplo el mismo tipo de termitas que en distintas regiones del mundo se siguen consumiendo en la actualidad. Esa es la conclusión de un estudio basado en los restos fósiles de un termitero localizado en la Garganta de Olduvai (Tanzania) y su estudio comparado con la huella de carbono de los dientes fósiles encontrados en el entorno. En la actualidad se siguen consumiendo muchas variedades de insectos por todo el planeta, ahora sabemos que hace 1,8 millones de años nuestros ancestros también lo hacían.

Fecha de Publicación
16 de abril de 2018
Fuentes de información digital utilizadas
Europa Press,  Heriot Watt University
Fuente de las imágenes
Heriot Watt University
Palabras clave:
prehistoria, paleolítico inferior, Garganta de Olduvai, Tanzania, África, temitero, termitas, insectos, dieta, alimentación, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original


El hallazgo casual de sedimento correspondiente a un termitero durante el desarrollo de investigaciones arqueológicas en la Garganta de Olduvai (Tanzania), considerada durante décadas como la cuna de la humanidad, ha propiciado este estudio desarrollado por la Universidad Heriot Watt (Edimburgo, Escocia) y la Universidad Estatal de Wayne (Detroit, Michigan).
El análisis de un sedimento de aspecto inusual dio como resultado que se trataba de los restos de un termitero que habría coexistido con nuestros primeros antepasados hace aproximadamente 1,8 millones de años. A partir de este hallazgo, los científicos se propusieron identificar la huella de carbono de este potencial alimento, las termitas. Una vez obtenida, la compararon con la huella de carbono de los dientes fósiles encontrados en el entorno de la Garganta de Olduvai. Los resultados señalan a las termitas como una importante fuente de alimento para estos antiguos homínidos.
El doctor Clayton Magill, investigador de la Universidad Heriot-Watt, explica: "El descubrimiento se produjo por casualidad cuando mostré a un amigo que es experto en insectos, la foto de un sedimento con un aspecto inusual y descubrió que era un termitero".
"Tenemos equipamiento especializado en el Centro Lyell que solo se encuentra en una docena de laboratorios en todo el mundo, que es capaz de analizar, detectar y aislar los fósiles".
"Hemos hallado que los insectos eran de hecho una fuente de alimento primordial hace millones de años y ahora queremos ir a otros yacimientos arqueológicos para ver si existen otras evidencias".
"Este es uno de los proyectos de investigación más interesantes y emocionantes en los que he tenido el placer de trabajar y hay mucho campo de acción para seguir investigando".
La doctora Julie Lesnik del departamento de Antropología en la Universidad Estatal de Wayne en Detroit, ha dicho: "Los insectos son una importante fuente de alimento para decenas de millones de personas en el mundo en la actualidad pero los investigadores tienden a ignorar esta fuente de alimentación cuando reconstruyen la dieta del pasado. Ahora sabemos que los homínidos de Olduvai habrían vivido junto al mismo tipo de termitas que son preferidas para su consumo en la actualidad, y que aparentemente eran una fuente de nutrientes demasiado valiosa para dejarla pasar.
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viernes, 28 de julio de 2017

Encuentran trazas de trigo en una caja de madera congelada de la Edad del Bronce en los Alpes suizos
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Encuentran restos de trigo en una caja de madera congelada de la Edad del Bronce a 2650 m. de altitud en los Alpes suizos

El descubrimiento casual de una caja de madera de Edad de Bronce encontrada en una gran grieta de hielo a 2650 metros en los Alpes suizos podría ayudar a arrojar nueva luz sobre la propagación y la explotación de granos de cereales

Fecha de Publicación
26 de Julio de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
University of York,  Science Daily,  Sci-News
Fuente de las imágenes
University of York,  Science Daily
Palabras clave:
prehistoria, edad del bronce, edad de los metales, Suiza, gastronomía, trigo,
Bibliografía científica, publicación original
Nature Scientific Reports

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Debido al tipo de recipiente, parecido a una tartera o lechera, que pudo estar perfectamente sellada, el equipo de arqueólogos esperaba encontrar residuos de leche en el recipiente, los restos de una comida del tipo de las gachas, devorada por un cazador o un pastor que se abría paso a través de un nevado paso alpino.
Pero en su lugar descubrieron biomarcadores basados ​​en lípidos del grano de trigo o de centeno, llamados alquilresorcinoles.
El equipo argumenta que el descubrimiento de estos biomarcadores en los residuos analizados podría ser usado como una nueva herramienta para ayudar a los arqueólogos a trazar el desarrollo de la agricultura temprana en Eurasia.

Depósitos
La domesticación de plantas, como el trigo, fue uno de los pasos culturales y evolutivos más significativos de nuestra especie, pero la evidencia directa de su uso en las primeras prácticas culinarias y económicas permanece desesperadamente oculta.
Las plantas se degradan rápidamente en los yacimientos arqueológicos y, por lo tanto, los arqueólogos utilizan cada vez más técnicas moleculares para buscar sus restos.
El Dr. André Colonese, de BioArCh, del Departamento de Arqueología de la Universidad de York, dijo: "No encontramos ninguna evidencia de leche, pero encontramos estos lípidos fenólicos, que nunca fueron encontrados antes en un artefacto arqueológico, pero que son abundantes en el salvado de los cereales de trigo y de centeno. Se consideran biomarcadores de la ingesta de cereales integrales en los estudios nutricionales".
"Este es un descubrimiento extraordinario si se considera que de todas las plantas domesticadas, el trigo es el cultivo más ampliamente cultivado en el mundo y la fuente de grano para el consumo alimenticio más importante para los seres humanos, situada en el núcleo de muchas tradiciones culinarias contemporáneas."
"Uno de los mayores retos del análisis de lípidos en la arqueología ha sido encontrar biomarcadores de plantas, hay sólo unos pocos y no se conservan muy bien en artefactos antiguos. Usted puede imaginar la relevancia de este estudio, ya que ahora tenemos una nueva herramienta para el seguimiento temprano del uso culinario de granos de cereales, para nosotros algo realmente emocionante. El siguiente paso es buscarlos en restos de cerámica ", añadió el Dr. Colonese.
El equipo combinó análisis microscópicos y moleculares para identificar lípidos y proteínas utilizando cromatografía de gases de espectrometría de masas, una técnica aplicada rutinariamente a los artefactos de cerámica. Durante los últimos 30 años, miles de artefactos cerámicos de Europa han sido analizados por su contenido molecular, localizando evidencias reveladoras de leche y productos cárnicos, pero casi nunca se hallaron evidencias de cereales.
La Dra. Jessica Hendy, del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, dijo: "La evidencia de los cereales vino de la detección de lípidos, pero también de proteínas conservadas. Este análisis fue capaz de decirnos que este recipiente contenía no sólo uno, sino dos tipos de granos de cereales: trigo y cebada o granos de centeno. La combinación de estos dos tipos de análisis molecular, junto con la microscopía, es una importante evidencia de que los cereales estaban siendo transportados a través de este paso alpino ".
"Detectar un marcador molecular para los cereales también tiene amplias implicaciones para el estudio de la agricultura temprana. Nos permite reconstruir cuándo y dónde se extendió este importante cultivo alimenticio a través de Europa ", añadió el Dr. Hendy.

Prehistoria
El Dr. Francesco Carrer, de la Universidad de Newcastle, dijo: "Estas pruebas arrojan nueva luz sobre la vida en las comunidades alpinas prehistóricas y sobre su relación con las altitudes extremas. La gente que viajaba a través de los pasos alpinos llevaba la comida para su viaje, como los excursionistas actuales. Esta nueva investigación contribuyó a la comprensión de los alimentos que consideraban los más adecuados para sus viajes a través de los Alpes.
La colaboración implicó un estudio entre diferentes instituciones internacionales y cuyos resultados se han publicado en Nature Scientific Reports.

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martes, 25 de julio de 2017

Los neandertales consumían moluscos en Abrigo del Cuco (Cantabria)
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La revisión de las dataciones de los niveles inferiores del abrigo así lo confirma

El grupo neandertal se movía con confianza por la costa, buscando entre rocas y calas los preciados manjares que comerían después en su refugio con vistas al azul mar Cantábrico. Sus bocados predilectos, que seguimos comiendo 45.000 años después, eran lapas y erizos de mar, sabrosos aunque complicados de manejar sin sufrir daños. Esta escena se desarrolló en numerosas ocasiones en las inmediaciones del Abrigo del Cuco (Castro Urdiales, Cantabria), a juzgar por las abundantes acumulaciones de conchas de sus niveles inferiores, que al fin han sido datados de manera absoluta y asociados a grupos neandertales. Aunque resulta lógico que explotasen los recursos marinos en el área cantábrica igual que hacían en el ámbito mediterráneo o en el suroeste bañado por el Atlántico, por primera vez se ha podido constatar de manera fehaciente en un yacimiento de la costa cantábrica el consumo de moluscos marinos por parte de neandertales, y seguro que se chupaban los dedos.

Fecha de Publicación

Fuentes de información digital utilizadas
Dicyt
Fuente de las imágenes
Dicyt,  Arkeobasque
Palabras clave:
prehistoria, paleolítico medio, neandertales, Abrigo del Cuco, Castro Urdiales, Cantabria, España, moluscos, alimentación, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
Quaternary International

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El Abrigo del Cuco, en el término municipal de Castro Urdiales (Cantabria) es un pequeño yacimiento a pie de costa donde se han documentado grandes acumulaciones de conchas de moluscos, que formaban parte de la alimentación de nuestros antepasados.
la revisión de las dataciones de los materiales recuperados en El Cuco ha sido objeto de investigación de un equipo liderado por Igor Gutierrez, del Instituto de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria, y que acaba de publicarse en la revista científica Quaternary International.
Los niveles arqueológicos más antiguos del abrigo fueron excavados en 2005, y en aquel momento fueron atribuidos al periodo Auriñaciense. Sin embargo, esta nueva investigación los sitúa en el Paleolítico medio, y por tanto su producción correspondería a neandertales.
Se trata de las primeras evidencias documentadas del consumo de moluscos por parte de neandertales en la cornisa cantábrica, ya que otras evidencias conocidas en la península Ibérica se circunscriben al Mediterráneo y al suoreste peninsular (costa atlántica).
Entre las especies consumidas por estos neandertales, destacan especialmente las lapas y los erizos. Los depósitos se han datado a través de los carbonatos formados sobre las conchas, arrojando una cronología de 45.000 años de antigüedad.
Joseba Rios Garaizar, arqueólogo del CENIEH, ha aportado el análisis de la industria lítica asociada a estos depósitos de conchas. Su trabajo ha permitido caracterizar las herramientas localizadas dentro de la cultura Musteriense, lo que resulta consistente con las nuevas dataciones obtenidas.

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viernes, 23 de junio de 2017

La cerveza vikinga se hacía con piedras
by LB Paleorama - 2


Las piedras eran calentadas al rojo vivo y después introducidas en los recipientes en los que se fabricaba la bebida

Parecen omnipresentes en las granjas vikingas y medievales del centro de Noruega. Aparecen a montones, depositadas en espesos y compactos niveles, pequeñas piedras fracturadas por la acción del fuego. Pero durante años no se les prestó excesiva atención. La investigación del arqueólogo Geir Grønnesby le ha llevado a una curiosa conclusión, se trata de piedras utilizadas para la fabricación de cerveza. Esta bebida tenía una gran importancia tanto social como religiosa en el periodo en que las piedras aparecen con gran abundancia, entre el 600 y el 1500 a.C. A partir de esta fecha, casualmente o no coincidente con la Reforma religiosa que afectó a toda Europa, las piedras cerveceras desaparecen del registro arqueológico. Estos basureros cuentan una curiosa historia que afortunadamente ha sido identificada y a partir de ahora será mejor conocida.

Fecha de Publicación
23 de junio de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Heritage Daily,  The Norwegian University of Science and Technology
Fuente de las imágenes
The Norwegian University of Science and Technology
Palabras clave:
Edad del Hierro, medieval, vikingos, granjas, Noruega, cerveza, piedras, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original


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Traducción: Laura Benito Díez.
No hay nada que guste tanto a los arqueólogos como montones de basura de hace cientos de años. Los huesos antiguos y piedras procedentes de montones de desperdicios pueden contar complejas historias. Y en el centro de Noruega, parece que la historia que cuentan consiste en que los vikingos y sus descendientes fabricaban cerveza arrojando piedras calientes al interior de recipientes de madera.
"Hay un montón de estas piedras, y aparecen en la mayoría de los recintos de antiguas granjas", dice Geir Grønnesby, arqueólogo en el Museo Universitario de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU).
Grønnesby está fascinado por la historia de los asentamientos agropecuarios de Noruega, y tiene razones para ello. Gran parte de la historia sobre cómo se crearon y desarrollaron las granjas noruegas a lo largo de los milenios continúa siendo un misterio.
Hay una sencilla razón para ello: la mayoría de las excavaciones arqueológicas se vinculan a proyectos de construcción, porque a los promotores se les requiere comprobar la presencia de restos culturales antes de comenzar las construcción. Es raro que un promotor pueda construir una carretera o algún otro gran desarrollo a través de una granja, lo que implica que es raro que sean excavadas por arqueólogos.
En otras palabras, "la mayoría de la información arqueológica que tenemos sobre la era vikinga procede de tumbas, y la mayoría de información arqueológica sobre la Edad Media procede de excavaciones en ciudades", dice Grønnesby. Eso es un problema porque "la mayoría de la gente vivía en el campo".
Básicamente, dice, las granjas noruegas se asientan sobre un enorme tesoro subterráneo que en algunos lugares data del año 600 d.C., el final de la Edad del Hierro, y la mayoría permanecen intactas.
"Así que comencé a realizar estas pequeñas excavaciones para buscar estratos arqueológicos en terrenos de antiguas granjas", afirma. "Las dataciones más antiguas de carbono 14 que he hallado pertenecen al año 600 d.C., y todas las fechas son de este momento o posteriores. Y entonces encontré las piedrs, y tuve que escribir sobre ellas, ya que son muchísimas".

Un sociólogo curioso
Grønnesby no ha sido el primero en reparar en estas piedras fracturadas por el fuego en las granjas de Noruega central. Esa distinción es para un sociólogo pionero llamado Eilert Sundt, quien registró un encuentro en una granja en 1851 en Hedmark.
Como Sundt escribiría más tarde, estaba caminando y vio a un granjero cerca de una pila de pequeñas piedras con un aspecto extraño.
"¿De qué son estas piedras?" preguntó al granjero, señalando a la pila. "Son piedras para elaborar cerveza", le contestó el granjero. "Piedras que usaban para cocinar y elaborar cerveza, en los días antiguos cuando no tenían recipientes de hierro".
En su artículo, Sundt recogía que la mayoría de las granjas que visitó tenían montones de piedras quemadas o fracturadas por el fuego. Cada vez que preguntaba por ellas, la respuesta era la misma: eran para fabricar cerveza, cuando las piedras se calentaban hasta que estaban "al rojo vivo" y entonces arrojadas dentro de recipientes de cerámica para calentar las cosas. Las piedras eran tan omnipresentes, escribió Sundt, y tan abundantes y compactadas en algunos lugares que las casas estaban construidas directamente encima.
Los informes de los arqueólogos que han estudiado granjas en épocas recientes también confirman esta observación. Cuando un arqueólogo excavó un sondeo en la década de 1980 en una granja en Steinkjer, al norte de Trondheim, encontró un nivel arqueológico con un espesor de más de un metro, que en su mayoría estaba compuesto por piedras fracturadas por el fuego.
El propio Grønnesby excavó más de 700 metros cúbicos de piedras en un sector de una granja en Ranheim, también al norte de Trondheim. Y cuando Grønnesby realizó su muestreo en 24 granjas, el 71% tenían con seguridad o probablemente capas de piedras fracturadas.

Rituales y la Reforma
No es tan raro que los vikingos fabricaran cerveza usando piedras, dice Grønnesby. Este proceso también se ha registrado en Inglaterra, Finlandia y el Báltico. Es una tradición que continúa aún en Alemania, donde es posible incluso en la actualidad comprar "cerveza hecha con piedras".
Grønnesby afirma que la presencia de grandes cantidades de piedras de cerveza en las granjas noruegas subraya la importancia cultural de la cerveza en sí.
"Beber cerveza era una parte importante de las instituciones sociales y religiosas", afirma.
Por ejemplo, el Gulating, una asamblea parlamentaria noruega que se reunía entre el 900 y el 1300 d.C., regulaba incluso los más pequeños detalles de la fabricación y el consumo de cerveza en la época.
Las leyes del Gulating requerían que tres granjeros trabajasen juntos para fabricar la cerveza, que tenía que ser bendecida. Un individuo que fracasase en la fabricación durante tres años consecutivos tenía que entregar la mitad de su granja al obispo y la otra mitad al rey y abandonar el país. Solo las granjas más pequeñas estaban exentas de cumplir esta estricta regulación.
Lo que resulta igualmente interesante es el momento en que las piedras cerveceras desaparecen del registro arqueológico, en torno al 1500 d.C., justo en la época de la Reforma.
"Podría ser una extraña coincidencia", dice Grønnesby. "Podría ser debido a la religión. O podría ser que las vasijas de hierro fueran más fáciles de conseguir para entonces".

De montones de basura a tesoros
Cada vez que una piedra cervecera al rojo vivo se arrojaba dentro de un contenedor o líquido frío, se fragmentaba. Después de varios de estos ciclos, la piedra sería demasiado pequeña para ser utilizada y los cerveceros la arrojarían al montón de desperdicios.
Eso implica que las gruesas capas de piedras también contienen otros objetos, como antiguas fusayolas y pesas de telar, huesos de animales y cuentas de collar. Es por esta razón, tanto como por las piedras en sí mismas, que los depósitos de piedras son importantes, dice Grønnesby.
"Los arqueólogos siempre están encontrando estos depósitos, pero solían contemplarlas y rascarse la cabeza, y (los depósitos) no obtuvieron el tipo de reconocimiento que merecían", dice. "Estos depósitos representan archivos de la época vikinga hasta la Edad MEdia, así que deberíamos excavarlos con más frecuencia".
Las investigaciones de Grønnesby están recogidas en el libro publicado recientemente "The Agrarian Life of the North: 2000 BC to AD 1000: Studies in Rural Settlement and Farming in Norway. El texto de Grønnesby lleva por título "Hot Rocks! Beer Brewing on Viking and Medieval Age Farms in Trøndelag".

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martes, 9 de mayo de 2017

Por qué empezamos a comer presas más pequeñas
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El estudio de los restos de fauna en el Molí del Salt (Tarragona) nos da las claves de un cambio en la dieta hace entre 15.000 y 8.000 años

Hace tiempo que se había observado en distintos yacimientos del final del Pleistoceno en el arco mediteáneo una tendencia hacia el consumo de presas cada vez de menor tamaño, cobrando especial importancia el conejo como recurso alimenticio. El estudio tafonómico detallado de los restos de fauna presentes en los niveles arqueológicos del Molí del Salt (Tarragona), indica que este proceso se produjo hace entre 15.000 y 8.000 años, lo que coincidiría con una serie de cambios ambientales que llevaron a la extinción de la megafauna, especialmente en el sur de Europa. Estas transformaciones habrían llevado a los grupos humanos a buscar nuevos recursos, y la adaptabilidad y capacidad de reproducción de los conejos hicieron el resto.

Fecha de Publicación
5 de mayo de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
IPHES noticias,  Dicyt, 
Fuente de las imágenes
IPHES
Palabras clave:
prehistoria, pleistoceno final, paleolítico superior, Molí del Salt, Tarragona, Cataluña, España, tafonomía, alimentación, conejo, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
Historical Biology

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Hacia el final del Pleistoceno se dieron una serie de cambios ambientales que desembocaron en la extinción de la megafauna. Cronológicamente, este cambio coincide con la transformación de las estrategias de superviviencia observadas en el yacimiento tarraconense de Molí del Salt. Para identificar estos cambios, ha sido fundamental un estudio detallado de los conjuntos faunísticos presentes en el yacimiento, liderado por Anna Rufà, investigadora predoctoral del IPHES, y que ha contado también con la participación de la investigadora del CENIEH Ruth Blasco.
En el Molí del Salt se ha podido observar un cambio en el tipo de animales consumidos, que se fue produciendo hace entre 15.000 y 8.000 años. En este periodo de tiempo, las presas van pasando a ser animales de menor tamaño, cobrando especial importancia el conejo. Obviamente, estos cambios no pueden desligarse de los cambios ambientales sucedidos también en este periodo, y que marcan el final del Pleistoceno.
“Un posible escenario que podría explicar estas variaciones en la dieta humana se vincula a la presión ambiental, la cual sugiere que los cambios climáticos acontecidos a finales del Pleistoceno dieron lugar a cambios ecológicos que afectaron a las comunidades de grandes mamíferos en Eurasia, reduciendo su población o incluso haciéndolas desaparecer”, apunta Ruth Blasco.
La secuencia arqueológica identificada en el Molí del Salt abarca precisamente todo este proceso. Se inicia justo en un momento en que las especies de megafauna conocidas en Europa habían comenzado a desaparecer de las áreas más al sur, lo que impulsaría a los grupos humanos a centrarse en otros recursos disponibles en el entorno.
Los animales de tamaño mediano y pequeño se adaptan con mayor facilidad a los cambios en el ecosistema, lo que se llama una mayor plasticidad ecológica. Esto, y la alta capacidad de reproducción de los conejos, habría hecho de esta especie un excelente recurso para las poblaciones humanas del arco mediterráneo en este periodo.
Este tipo de estudios nos abren la puerta a identificar otros cambios, no solo ambientales, sino también ocupacionales, territoriales, utilitarios, organizativos o grupales, que se resumirían en factores sociales y culturales. Además, estas y otras transformaciones pueden identificarse también en otros momentos cronológicos a través de la aplicación de la tafonomía.

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martes, 28 de febrero de 2017

Homo antecessor preparaba su comida de modo diferente
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Las microabrasiones de sus dientes sugieren una dieta diferente a la de otros homínidos contemporáneos, probablemente debido a una forma diferente de procesar los alimentos

Aunque los restos de Homo antecessor son muy escasos, aún siguen proporcionando nueva información acerca de la especie y sus pautas de comportamiento. En esta ocasión, se ha podido documentar el tipo de dieta que consumían estos homínidos a partir de las microestrías presentes en el esmalte de sus dientes, en lugar de deducirla a partir de evidencias externas como los restos de fauna presentes en los contextos arqueológicos. Los patrones de microabrasión indican una alimentación diferente a la de otros homínidos coetáneos, aunque probablemente se basaba en los mismos recursos naturales, por lo que las diferencias se deberían principalmente a un distinto modo de preparación de los alimentos.

Fecha de Publicación
27 de febrero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Dicyt,  Efe Futuro,  CENIEH
Fuente de las imágenes
CENIEH,  Nature Scientific Reports
Palabras clave:
prehistoria, paleolítico, homo antecessor, Gran Dolina, Atapuerca, Burgos, España, alimentación, microestrías dentales, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
Nature Scientific Reports

Aunque los recursos disponibles en el entorno de Homo antecessor no eran significativamente diferentes de los que utilizaban otros homínidos coetáneos, el análisis del esmalte dental de esta especie identificada en los yacimientos de Atapuerca (Burgos, España) revela que sus pautas alimentarias eran diferentes.
Mientras que los restos dentales de Homo ergaster y de los Neandertales de la península Ibérica indican comportamientos alimentarios más próximos entre sí, el esmalte dental de Homo antecessor muestra una mayor densidad de microestrías.

Una técnica contrastada
Las microestrías examinadas son pequeñas marcas en la cara lateral externa de los dientes. Su densidad y longitud dependen del tipo de alimentos que se hayan masticado de forma habitual.
Según explica Alejandro Pérez-Pérez, profesor de la Sección de Zoología y Antropología Biológica del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la UB, "La utilidad de esta metodología se ha confirmado con el estudio de los patrones de microestriación de poblaciones actuales, tanto de cazadores-recolectores como agrícolas, la cual ha demostrado que distintos patrones alimentarios se correlacionan con patrones de microestriación específicos en la zona vestibular de la corona dental".

Nuestros hallazgos no nos permiten decir exactamente qué alimentos ingerían, ya que el material abrasivo que provoca las marcas en los dientes puede tener distintos orígenes; pero sí nos permiten señalar que el H. antecessor tendría una alimentación basada en gran medida en alimentos duros y abrasivos, como por ejemplo vegetales que contengan fitolitos (partículas de sílice producidas por los vegetales que son tan duras como el esmalte), tubérculos con restos de partículas de tierra, colágeno o tejido conectivo y hueso o carne cruda", añade Pérez-Pérez.

Distintos homínidos estudiados
La investigación se ha realizado sobre fósiles de distintas especies de homínidos, incluyendo fósiles de Homo ergaster de África (ancestro de todos los europeos y con una antigüedad de 1,8 millones de años), de Homo heidelbergensis, que aparece hace más de 500.000 años en Europa y perdura al menos hasta hace 200.000 años, y por último, con fósiles de Homo neanderthalensis de la península Ibérica, que vivió hace entre 200.000 y 40.000 años.

Posibles diferencias culturales
Los investigadores sugieren que las diferencias en el patrón de microestriación entre los restos de la Gran Dolina y las muestras comparadas podrían reflejar variaciones culturales en la forma de procesar los alimentos. "Serían las distintas maneras de procesar el alimento las que darían lugar a estas diferencias en los patrones de microestriación dental. Es decir, obtenían, procesaban y consumían el alimento de forma diferente", explica Alejandro Pérez-Pérez.

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viernes, 10 de febrero de 2017

¿Comían aves los neandertales?
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Un nuevo estudio sobre restos del Paleolítico medio en Ardèche (Francia) indica la importante labor de otros carnívoros en las acumulaciones de restos de aves

La presencia de restos óseos de aves en diversos yacimientos neandertales ha suscitado cierto debate acerca de si realmente los neandertales las habían incorporado a su dieta, ya que la relación entre la dificultad de su caza y la cantidad de alimento obtenida no las convierte en un producto rentable. Por eso resulta crucial el estudio en detalle de los motivos de su presencia en yacimientos como Grotte des Barasses II (Ardèche, Francia). El análisis tafonómico realizado en este yacimiento revela un curioso resultado, prácticamente todos los restos de aves estudiados fueron aportados por otros carnívoros, incluido el búho real.

Fecha de Publicación
8 de febrero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Dicyt
Fuente de las imágenes
Dicyt
Palabras clave:
prehistoria, paleolítico medio, Grotte des Barasses II, Balazuc, Ardèche, Francia, aves, carnívoros, neandertales, alimentación, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
Archaeological and Anthropological Sciences

La presencia de un av¡bundante número de restos óseos procedentes de aves en distintos yacimientos neandertales ha suscitado un debate entre si eran consumidas por ellos o sin embargo hay otros carnívoros involucrados en su consumo.
Para algunos investigadores, el esfuerzo que supone la caza de aves haría que no mereciese la pena su consumo frente al rendimiento alimentario que proporcionan.
Por todo ello, resulta de gran importancia la investigación que se ha realizado sobre los restos óseos de aves localizados en los depósitos del Paleolítico medio de Grotte des Barasses II (Ardèche, Francia), con la participación Ruth Blasco, especialista en Tafonomía del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH).
Esta investigación, liderada por la Universitat Rovira i Virgili-IPHES, ha sido publicada en la revista Archaeological and Anthropological Sciences, y parece indicar que en el caso de esta cueva, los aportes de restos de aves están prácticamente en su totalidad relacionados con la actividad de otros carnívoros.
Las ocupaciones humanas en este yacimiento se desarrollaron de forma esporádica y centradas exclusivamente en animales de talla mayor. Mientras que las aves fueron aportadas por diversas especies de carnívoros, desde zorros, gatos monteses y mustélidos, hasta rapaces nocturnas como el búho real.
Este tipo de estudios aportan valiosa información sobre los procesos de formación de los yacimientos arqueológicos, así como de los predadores que visitaron las cuevas o abrigos a lo largo del Pleistoceno.
Ruth Blasco destaca además que "la presencia de aves procesadas antrópicamente en momentos previos a los 30.000 años se ha considerado un factor clave para explorar la evolución de la dieta humana”.

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miércoles, 8 de febrero de 2017

Esta cerveza se tomaba en China hace 5.000 años
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Sus componentes principales eran mijo, cebada y lágrimas de Job (Coix lacryma-jobi), un tipo de gramínea

¿Llamarías cerveza a una especie de gachas con cereales flotando, fermentados junto a tubérculos, y que se toman con pajita? Pues así era la cerveza que tomaban en el noreste de China hace unos 5.000 años, y que un grupo de estudiantes de la Universidad de Stanford ha tratado de reproducir en su curso titulado "Archaeology of Food: Production, Consumption and Ritual". El equipo de la arqueóloga Li Liu dio a conocer el hallazgo de restos de esta bebida la pasada primavera, identificando los restos de cebada más antiguos que se conocen en China, por lo que los investigadores piensan que el inicio de su cultivo en la región pudo estar ligado a la producción de alcohol, antes de convertirse en un alimento mayoritario.

Fecha de Publicación
8 de febrero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Europa Press,  Stanford University (nota de prensa)
Fuente de las imágenes
Europa Press,  Stanford University (nota de prensa),  PNAS
Palabras clave:
prehistoria, neolítico, Mijiaya, China, cerveza, mijo, cebada, Coix lacryma-jobi, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
PNAS

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La pasada primavera, una investigación realizada en el noreste de China, y liderada por la profesora Li Liu del Centro de Arqueología de la Universidad de Stanford, revelaba que las evidencias más antiguas de la producción de cerveza en China datan de hace 5.000 años. Y lo que es más, que la recolección de mijo para la producción de cerveza comenzó un milenio antes de su uso masivo como alimento.
En continuación a esta labor de investigación, alumnos de Stanford han tratado ahora de reproducir la antigua receta como parte práctica de sus estudios de arqueología experimental.
A partir del análisis de fitolitos de distintos recipientes cerámicos, se han identificado como ingredientes de esta cerveza milenaria el mijo común, la cebada, y una gramínea que se conoce como lágrimas de Job (Coix lacryma-jobi), todo ello fermentado junto con tubérculos. Se han podido identificar trazas de ñame y de la raíz de lirio.
La práctica ha sido el ejercicio final del curso impartido por Li Liu titulado "Archaeology of Food: Production, Consumption and Ritual". "Tratar de imitar el comportamiento antiguo y hacer las cosas con el método antiguo ayuda a los estudiantes a trasladarse realmente al pasado y entender por qué la gente hizo lo que hizo", dice la profesora.
La identificación de cebada en una fecha tan temprana ha hecho pensar que la fabricación de cerveza tuvo que ver con la aparición primera de este cereal en China, ya que fue inicialmente domesticado en Asia central.
"Nuestros resultados sugieren que el propósito de la introducción de cebada en China podría haber estado relacionado con la fabricación de alcohol en lugar de ser un alimento básico", ha dicho Liu.
La antigua cerveza china tenía un aspecto similar a unas gachas de avena, y probablemente tenía un sabor más dulce y afrutado que las cervezas claras y amargas actuales. Los ingredientes utilizados para la fermentación no se filtraban, asía que habitualmente se unsaban pajitas para beber.

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viernes, 20 de enero de 2017

Revisitando la última comida de Ötzi
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Cómo una terminología amena y cercana contribuye exponencialmente a la divulgación

Un amigo me decía que Cocacola nunca dejaba de invertir en publicidad, aunque fuese el refresco más vendido. Incluso los yacimientos más mediáticos se benefician de una difusión adecuada, cercana y que conecte con el público. Así ha sucedido con la momia más célebre de todos los tiempos. El contenido del estómago de Ötzi se conoce desde hace más de una década, pero alguien tuvo la feliz idea de llamarlo beicon de cabra en una reciente conferencia y ¡paf!, a llenar titulares.

Fecha de Publicación
20 de enero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Europa Press,  Science Magazine News,  BBC
Fuente de las imágenes
Phys.org
Palabras clave:
prehistoria, calcolítico, ötzi, Alpes, Austria, Italia, dieta, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
PNAS

Rastreando un poco en la red vemos que distintas noticias sobre el contenido del estómago de Ötzi han ido apareciendo en prensa a lo largo de más de una década, desde que en 2002 se publicase en PNAS un estudio detallado sobre los restos de comida conservados en su interior.
Ya entonces se detallaba que Ötzi había consumido en sus últimas horas al menos dos comidas. Una primera estaba compuesta por cereales, otros vegetales comestibles y carne de capra ibex, un íbice o cabra salvaje de los Alpes. Y su último almuerzo habría consistido en carne de venado, probablemente acompañada con cereales.
Los investigadores resaltaban la dificultad del trabajo, que había llevado más de dos años. Tuvieron que identificar distintos materiales orgánicos conservados en el estómago, para lo que tuvieron que descongelarlo levemente. Y además, diferenciar el ADN de los alimentos del de las bacterias presentes en el cuerpo.
La pasada semana, el investigador Albert Zink, durante una conferencia en Viena, tuvo una frase muy afortunada, al relatar que Ötzi en su última comida había consumido una especie de beicon de cabra alpina, poniendo en un momento el contenido del estómago de Ötzi de nuevo de actualidad, y ocupando titulares en diversos medios internacionales.
Muchas veces los estudios científicos no logran la proyección deseable por no contar con un lenguaje adecuado, que vaya más allá de las publicaciones científicas, que resulte cercano para el público general, y que trascienda el nivel académico para llegar a la calle. En este caso, el beicon ha roto la brecha.

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martes, 17 de enero de 2017

Las bellotas, alimento muy eficaz en el entorno de Atapuerca
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Durante el Pleistoceno los alrededores de Atapuerca proporcionaban abundantes bellotas, energéticas y fáciles de conservar

Cada vez somos más conscientes de la importancia de los vegetales en la dieta de nuestros antepasados. Cierto es que la obtención de proteínas a través de la caza resultaba necesaria, aunque era complementaria de las fundamentales actividades de recolección, que además ofrecían un mayor rendimiento con un menor esfuerzo. Ese parece ser el caso de la recolección de bellotas por parte de los grupos humanos del Pleistoceno. Por ello, desde el CENIEH se ha impulsado una investigación experimental para comprobar el gasto energético y el rendimiento alimenticio de la recolección de bellotas, y este pequeño fruto ha salido muy bien parado.

Fecha de Publicación
16 de enero de 2017
Fuentes de información digital utilizadas
Dicyt,  CENIEH
Fuente de las imágenes
CENIEH
Palabras clave:
prehistoria, pleistoceno, bellota, Atapuerca, Burgos, Castilla y León, España, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
Journal of Anthropological Archaeology

Los doctores Ana Mateos y Jesús Rodríguez lideran al equipo que ha realizado una interesante investigación sobre las ventajas de la explotación de las bellotas como alimento por parte de los grupos de cazadores-recolectores del Pleistoceno en la zona de Atapuerca.
La investigación se ha publicado en Journal of Anthropological Archaeology, y muestra que la explotación de este recurso alimenticio hace unos 300.000 años resultaba más eficiente que la obtención de alimentos de origen animal.
El estudio se basa en la recreación experimental de la recolección de este producto por parte de mujeres en el entorno actual de la sierra de Atapuerca. Para ello se seleccionaron dos enclaves, uno en el entorno de Cueva Mayor y otro en las orillas del río Arlanzón. Allí, las voluntarias simulaban la recolección de las bellotas.
Además, desde el Laboratorio de BioEnergía del CENIEH se comprobó que el tamaño corporal del grupo de mujeres participantes en el experimento se correspondía con el tamaño corporal estimado para la población femenina del yacimiento de la Sima de los Huesos.
El desarrollo de la investigación experimental ha revelado que en una hora se pueden recoger unos tres kilogramos de bellotas, con un gasto energético de apenas 300 kilocalorías, y un retorno nutritivo de los frutos recolectados de unas 11.600 Kcal, lo que proporciona suficiente alimento para cubrir las necesidades nutricionales de cuatro personas durante un día completo.
“Para las poblaciones humanas del Pleistoceno, que dependían de su entorno para sobrevivir, una explotación eficiente de los recursos resultaba esencial para mantener un buen balance energético entre la ingesta de alimentos y el gasto energético de sus actividades diarias”, explica Ana Mateos.

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martes, 10 de enero de 2017

La cebada de Gran Canaria es única desde hace mil años
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Esta especie, diferente a las europeas y norteafricanas, habría llegado a la isla con sus primeros pobladores

Fruto de la globalización actual, y de la explotación de rutas comerciales a escala mundial desde hace siglos, las semillas empleadas para el cultivo se han visto expuestas a vertiginosas transformaciones, especialmente a partir de época moderna. Por eso resulta especialmente sorprendente el estudio recientemente publicado sobre la cebada canaria en Journal of Archaeological Science, en el que se demuestra que las semillas actuales, de una variedad propia diferenciada de la europea y la africana, son idénticas a las usadas hace mil años por los pobladores de Gran Canaria. Los investigadores esperan poder remontarse aún más en el tiempo y acabar por determinar la procedencia de estas gentes que llegaron para quedarse y tuvieron un desarrollo aislado durante al menos 15 siglos, y además se trajeron la comida con ellos.

Fecha de Publicación
9 de enero de 2016
Fuentes de información digital utilizadas
Efe Futuro,  La Información
Fuente de las imágenes
Efe Futuro
Palabras clave:
mundo clásico, Islas Canarias, Gran Canaria, poblamiento, cultivo, cebada, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
Journal of Archaeological Science

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El origen del poblamiento canario es un tema que aún se mueve con dificultad entre las brumas del pasado, con muchas suposiciones y pocas certezas, aunque las investigaciones van aumentando en número en los últimos años y apuntan a la huella genética de poblaciones beréberes norteafricanas. Además de transportarse a sí mismos hasta este alejado archipiélago, estos grupos humanos llevaron consigo su alimento, en concreto una variedad de cebada antigua que de forma prácticamente milagrosa se ha mantenido inalterada durante los últimos mil años a pesar de seguir cultivándose. Y esto es especialmente insólito en semillas de cultivo actual.
Este descubrimiento ha sido posible gracias al trabajo conjunto de investigadores de las universidades de Las Palmas de Gran Canaria, Linköping y Estocolmo y el Museo Nórdico de Suecia, que como colofón acaban de publicar su estudio en Journal of Archaeological Science.
El estudio se ha centrado en las semillas de cebada, actuales, y procedentes de yacimientos arqueológicos, que debieron ser la fuente de nutrientes preferida por los primeros pobladores de Gran Canaria, siendo mucho más consumida que el trigo y las legumbres.

Una cebada única
El estudio se ha desarrollado a nivel molecular, y ha servido para demostrar que esta variedad de cebada, cultivada aún actualmente en el archipiélago, es genéticamente igual a los granos recuperados en los yacimientos arqueológicos prehispánicos del barranco de Guayadeque, de Temisas, o de la Mesa de Acusa, todos situados en Gran Canaria.
La investigación parte de granos de cebada recuperados en estos yacimientos, y conservados perfectamente desecados en graneros excavados en la toba volcánica por los aborígenes. Podría parecer que son actuales, pero la datación por radiocarbono arroja fechas de entre los siglos XI y XV.
Al comparar estos granos con otros actuales procedentes de Europa y África se ha podido constatar que la cebada canaria prehispánica, como la actual, pertenecen a una familia diferenciada de las europeas y africanas, por lo que indica una evolución aislada de ellas.
“Es el primer caso que se conoce en el mundo en el que una variedad genética de una semilla de uso agrícola se mantiene durante tanto tiempo. Y tenemos la esperanza remontarnos aún más atrás, hasta averiguar en qué momento las semillas que trajeron a Canarias sus primeros pobladores se separaron genéticamente de las del continente”, asegura el arqueobotánico canario Jacob Morales.

Una odisea en el tiempo
Resulta asombroso comprobar cómo esta variedad de cebada se ha mantenido inalterada, especialmente a partir de la era moderna, a pesar de los intercambios comerciales, la aparición de la industria o la influencia del turismo. Pero parece que el mismo grano guarda la respuesta, se trata de una variedad especialmente adaptada al clima canario, por lo que proporciona un mayor rendimiento.
Esto también sucedía con el trigo que se cultivaba en las islas el Triticum durum, aunque en este caso fue sustituido por un tipo de grano más adecuado para elaborar harinas y panes, el denominado Triticum aestivum.
Aunque el trigo se sustituyó para obtener un pan más al gusto europeo, la forma tradicional de consumir la cebada, tostada y transformada en gofio, permitió seguir cultivando la misma variedad.

¿Ni europea ni africana?
Este estudio no permite por ahora señalar la procedencia de la cebada llegada con los primeros pobladores canarios, aunque parece que guarda menores diferencias con los granos marroquíes actuales, lo que concordaría con los estudios genéticos realizados sobre los restos de los aborígenes canarios. Los datos de que se disponen actualmente parecen indicar una procedencia norteafricana y un posterior desarrollo aislado durante 15 siglos.
De todos modos, el conocimiento de las islas por parte de los romanos, y su mención expresa en los textos de Plinio el Viejo, también ha hecho pensar en un origen romano o fenicio de estas gentes.
“Lo de los fenicios no parece plausible, simplemente por una cuestión de fechas”, apunta Amelia Rodríguez, catedrática de Prehistoria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. “Cosa diferente es la posible influencia de los romanos en el poblamiento de las islas, pero no como pobladores, sino como la sociedad que trajo a Canarias a los primeros colonos, quizás como deportados, quizás de otra manera”.
De todos modos, nuestro conocimiento sobre la influencia romana en las islas se ha visto totalmente transformado tras la aparición de una factoría de púrpura en el Islote de Lobos. ¿Ese yacimiento es el resultado de un naufragio -se pregunta Rodríguez- o es un taller estable? Y, si es así, ¿qué sentido tendría que la presencia romana en la zona se limitara a un islote de 4,6 km2, teniendo a la vista Lanzarote y Fuerteventura?

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martes, 20 de diciembre de 2016

Cocinando plantas en el Sáhara hace 10.000 años
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Lo hacían en vasijas de barro, cuando por entonces el Sáhara era una sabana

Hace unos 10.200 años, los habitantes del Sáhara oriental, en la actual Libia, que ya conocían la fabricación de cerámica, utilizaban sus recipientes para cocinar sus alimentos cotidianos. Pero no se trataba de carnes y lácteos, sino que en su mayoría disfrutaban de una dieta muy rica en vegetales, que ya procesaban y cocinaban en estos recipientes. Un equipo de investigación de las universidades de Bristol (GB), Módena, Milán y Roma (IT) ha logrado documentar las más antiguas evidencias del cocinado de plantas en recipientes cerámicos. ¿Y qué cocinaban? Pues toda una variedad de plantas procedentes de la sabana que era el Sáhara entonces.

Fecha de Publicación
20 de diciembre de 2016
Fuentes de información digital utilizadas
Efe Futuro,  Daily Mail,  University of Bristol
Fuente de las imágenes
Efe Futuro,  Daily Mail
Palabras clave:
prehistoria, neolítico, África, Sáhara oriental, Libia, Tadrart Acacus, cocina, alimentación, vegetales, gastronomía
Bibliografía científica, publicación original
Nature Plants

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Los habitantes del Sáhara a comienzos del Neolítico, cuando el actual desierto era una sabana, procesaban y cocinaban plantas como parte de su alimentación habitual. Esta actividad se ha datado hace unos 10.200 años, y se ha podido comprobar que para ello utilizaban vasijas de barro, tal y como se recoge en un estudio publicado en Nature Plants.
Las técnicas documentadas para el procesado de los vegetales, “pudieron haber sido fundamentales” para permitir a los cazadores recolectores al inicio del Holoceno cubrir sus necesidades alimenticias en la actual Libia.
La invención de la cocina ha sido ampliamente reconocida como un paso crucial en el desarrollo humano. La cocina en la antigüedad habría implicado el uso de fuegos u hoyos y la invención de vasijas cerámicas habría llevado a una expansión de técnicas de preparación de los alimentos.
Aunque existían evidencias de que los recipientes cerámicos eran utilizados ya en este momento para la elaboración de productos de origen animal, como la leche, hasta ahora no se sabía que tuvieran además un uso para procesar o cocinar plantas.
Expertos de las universidades británica de Bristol e italianas de Módena, Milán y La Spienza (Roma) han analizado restos de 110 vasijas procedentes de los sitios arqueológicos de Takarkori y Uan Afuda en el Sáhara libio, de los que analizaron los niveles isótopos de carbono de los residuos grasos.

Los análisis han mostrado que los grupos humanos usaron esas vasijas para procesar una gran variedad de vegetales, como semillas silvestres, plantas de hoja y acuáticas, que recogían de los lagos cercanos y la sabana.
La interpretación de esas huellas químicas está además respaldada por la presencia de múltiples restos de plantas muy bien conservados gracias al ambiente árido del Sáhara.
La doctora Julie Dunne, de la Universidad de Bristol, ha indicado en un comunicado que la importancia de las plantas en la dieta prehistórica había sido, hasta ahora, poco reconocida, pero este trabajo la muestra con claridad.
Otro de los autores del artículo, Richard Evershed, también de Bristol, indicó que el hallazgo residuos grasos de plantas y cera en esos utensilios prehistóricos proporcionan “una visión completamente diferente de cómo la primera alfarería fue empleada en el Sáhara en comparación con otras regiones“.

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